miércoles, 14 de agosto de 2013

Franco Me Hizo Terrorista (2003), Stuart Christie.

La primera vez que oí hablar de Christie, fue tras la lectura de “Nos estamos acercando. La historia de Angry Brigade” de La Felguera Ediciones, pues era un sospechoso habitual continuamente hostigado por la policía, por sus contactos y declarada militancia anarquista, que intentaba involucrarlo, a toda costa, en las acciones de los furiosos brigadistas. Christie, escocés, y activista desde su más tierna juventud, relata en esta segunda parte de su trilogía autobiográfica, como su conciencia se debate desazonada, ante el panorama de sufrimiento y opresión que vive el pueblo español, tras la guerra civil, bajo la bota de ese regio hombre, de voz aflautada, que añoraba tiempos de gloria nacional, católica y romana, y dirige el destino de sus súbditos con guante de guillotina.

Pues bien, Christie, con la juventud inflamada, el cúmulo de canciones de gesta oídas a sus mayores, y el miedo abandonado en algún rincón renegrido por las chimeneas de carbón de su Glasgow natal, nos regala en esta trepidante, a la par que árida en recursos literarios, novela del más puro estilo de acción, como se lanza raudo a la insólita aventura de transportar material explosivo, propiedad de la red de exiliados españoles en Francia, opositores clandestinos al régimen (aunque sobradamente controlados por él y sus no declarados colaboradores), desde el extrarradio parisino al mismísimo kilómetro cero de la capital del Imperio, con el fin de abastecer a la resistencia en su casto objetivo de acercar al caudillo, por vía rápida y sin paradas, al Santo Creador, fuente indudable de inspiración para si mismo. El final del dictador ya se conoce de sobra. El de Christie, algo menos. Y ello es lo que desentraña este libro que nos ocupa: la enriquecedora experiencia personal de conocer el más puro sentimiento del alma castiza. Aunque en su versión más amarga: dentro de un penal de la Dictadura.
Dicho sea de paso, se conoce que en esta triste época de nuestra historia, era en la cárcel donde uno mejor podía confraternizar con la vanguardia de la política antifranquista, e incluso del pensamiento y la cultura. A lo largo del libro se van narrando un sin fin de anécdotas relativas a la picaresca que acontecía en la cárcel, como la historia de un gitano, internado en la enfermería, por tragarse una rata viva, por una apuesta de veinte pesetas, o las cómicas aventuras de dos improvisados toreros. Es patente la repulsa de Christie, como ciudadano sensible y cabal, por la fiesta nacional, y las no pocas refriegas que ello le acarreo entre el lumpen ibérico. El estudio pormenorizado de Christie hacia la personalidad “desvergonzadamente chauvinista, alegre, individualista, contradictoria, y particularmente antioficialista” de los españoles, se manifiesta por todo el libro, junto al confuso sentimiento de aceptación que vivió por el resto de reclusos, que llegaron a apreciarle, pero no le tomaban muy en serio, porque claro, eso de venir de tan lejos a acabar con el “problemón” interno que teníamos encima, nunca termina de aceptarlo un español de raza.. ¡Pues no faltaba más! También se da  repaso a multitud de personajes históricos, cada uno con sus circunstancias, como el nazi Otto Skorzeny, creador del oscuro y secreto Grupo Paladín, asociación para la extorsión y asesinato de militantes de izquierda, por medio mundo. E incluso se menciona la carrera e implicaciones de un buen número de esos militantes ácratas que luchaban por el fin de la Dictadura, de fronteras para afuera, como Octavio Alberola. Los capítulos de rivalidades con los comunistas, también son de traca.

En general, y salvando la tragedia, Christie ofrece una imagen positivista de este periodo de tres años (fue amnistiado en 1967, principalmente por intereses políticos del régimen, que empezaba a considerar la mejora de su imagen en el exterior, entre otras muchas estratagemas) donde gracias a ser extranjero no sufrió el mayor de los rigores del trato penitenciario, en manos de falangistas, clero vil y otros subproductos fascistas.

Lo más relevante es la modificación de su carácter, las diferencias que fue observando y cómo las analizaba siempre para mantenerse en guardia con el entorno, con los tipos que frecuentaba. Todo ello inevitablemente influido por la perspectiva primera de pasarse veinte años “a la sombra”, y cómo la rabia evoluciono a deseos por salir adelante en esa situación adversa. El paso por la privación de libertad es algo que no se desea a mucha gente. A mucha menos de la que le sucede.


En cualquier caso, se agradece a Christie que encontrara las ganas para rememorar esta historia, ejemplo de determinación y de lucha ante las adversidades, y que nos la contará, pues sin este tipo de libros, esta y otras muchas historias no tendrían difusión, ya que nuestros medios de información no parecen muy interesados en ellas, salvo en alguno de esos canales que nadie ve, y siempre bien embadurnado de un barniz de pasado rancio y romanticismo bobalicón, porque ya sabéis, chavales, que no son modelos a imitar, sino recuerdos del ayer, y que aquí se vive de puta madre, (aunque un poco apuradillos últimamente, habremos de arrimar el hombro y tal..) y eso de luchar por tus convicciones es de losers total. ¿O no? Pues eso...

martes, 16 de julio de 2013

Scaramuche. Sabatini


SCARAMOUCHE. Rafael Sabatini

Alucinante, de verdad, alucinante, o yo soy un raro que no entiende este mundo, o como diría cierto conjunto musical, la gente es gilipollas. Porque empiezo de esta manera tan directa y maleducada, porque estoy harto de ver gente infeliz.
Esto viene a cuento por la necesidad que tienen por un lado los infresers de despreciar la lectura y los culturetas de leer solo cosas densas y deprimentes, cuando desde tiempos inmemoriales podemos disfrutar de la novela de aventuras, especialmente cuando se trata de una obra tan magnífica y entretenida como es el Scaramouche de Sabatini. Por un lado, nuestros queridos garrulos y garrulas de barrio, disfrutarían de acción, romance, humor y aventuras de todo tipo con un final digno del mejor culebrón que se puedan imaginar, y por otro lado los/las culturetas podrán disfrutar del placer de evadirse viajando a otros tiempos, quizás más duros, pero indudablemente más épicos, mientras avanzan en la ardua y dura tarea de avanzar en el conocimiento del mundo que nos rodea e incluso que se den cuenta de una puta vez que estar en un café hablando sobre su último viaje al Metroplitan no va a cambiar absolutamente nada y van a ser toda su puta vida unos parásitos becarios mal pagados. Y os aseguro que tengo más razón que un santo, ya que los garrulos suelen decir que soy un cultureta, y los culturetas que soy un garrulo, y ambos tienen razón a medias, así que ya saben, háganme caso, o mejor aún, vótenme el día que decida dar el salto a la arena política.

Pero vayamos al grano, poco os puedo hablar del autor, para variar me compre la cutre versión de la colección de aventuras del País al fantabuloso precio de un Aurelio, así que tampoco me puedo quejar. Eso sí, el amigo Sabatini creo que se nos presenta o bien, como un liberal de tomo y lomo o bien como un desencantado de la humanidad, no me queda muy claro.
Y es que amigos Scaramouche representa el mito tonto que nos han impuesto del capitalismo, del hombre hecho a sí mismo, que con trabajo y talento llegaras a cualquier lado, el sueño americano, vaya, pero claro nuestro prota es un cínico de cojones y no cree en nada, de hecho solo se mete en política por vengar a un amigo, pero más adelante nos daremos cuenta que su amigo muerto le importa un rábano, sino que lo hace por la vieja razón que todos entenderemos. Un cabrón se quiere ligar a la pititi que le gusta. Aunque claro, en el caso de Scaramouche es fácil triunfar, pues cuenta con la ayuda de su padrino, un noble que le paga unos buenos estudios que le permiten desarrollar una inteligencia prodigiosa y una vasta cultura con la que dota Sabatini a su personaje, así cualquiera, no te jode.
El colega Sabatini además tiene el acierto de colocar la novela en el contexto de la Revolución Francesa y vemos ambigüedades por todas partes, al final tendemos a pensar que lo mejor es ir a tu puta bola y no meterte en fregados, mientras se crítica abiertamente a la época más proletaria de la Revolución Francesa, aunque también hay alegatos contra la burguesía, la nobleza, pero al final todo queda en un we are the World, we are the children, en el que todos podemos ser amigos y trabajar juntos, porque así todo el mundo será feliz, porque todo el mundo errr buenoh.







De todas formas, no me hagan mucho caso, realmente no importa demasiado lo que he puesto en el anterior párrafo, todos somos un tanto mayores ya para creernos esas chorradas del liberalismo y yo no estoy a aquí para convencerles de nada más de que tienen que leer este libro sí o sí. Porque?, me dirán ustedes, sencillo: engancha desde la primera página, no hay una página que aburra, hay giros cojonudos y en fin, hasta un final feliz y encima no demasiado tópico. Por una vez no os voy a destripar más el argumento, mejor descubrirlo por uno mismo, es lo que tienen los best-sellers, no aportan nada nuevo pero enganchan que da gusto y sí, de vez en cuando mola escaparse de la mierda de realidad a la que nos vemos avocados, y al precio de un mísero euro; no me digan ustedes que no mola.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Diario De Una Camarera (1900), Octave Mirbeau

¿A quién puede no apetecerle leer una lúdica y picaresca novela, escrita por una sencilla y humilde doncella de servicio? En realidad, de humilde e inocente tiene poco esta tipa, más bien lo que hace es ejecutar un ejercicio de malvado voyerismo por las entrañas de la alta sociedad francesa de finales del siglo XIX, también conocido como La Belle Époque. Un periodo de entreguerras, donde entre tumultuosas circunstancias, se entremezclaban el violento ascenso de los movimientos políticos obreros, que clamaban por una reestructuración del sistema, mediante asociaciones prontamente proscritas, con el desenvolvimiento de la ciencia al servicio de “el estado del bienestar”. El Art Nouveau, influido por exóticas y sensuales imágenes, que abrumaba el frágil espíritu de una decadente sociedad burguesa, también vio la luz en aquellos tiempos. Pero hubo más. La esperanza ante la incertidumbre del nuevo siglo que se estrena, jugó contra la desgana y el desprecio por el hombre intelectual. En fin, cientos de frentes, miles de brechas abiertas para todos los gustos. Conflictividad a flor de piel… ¡la alegría de vivir!

Celestine es una sirvienta nada dócil que, situando la acción principal en la última casa en que está sirviendo, la de los provincianos y psicóticos Lanlaire, va recordando, entre ensoñaciones nostálgicas y ácidos y sarcásticos comentarios, cada una de las casas por las que ha ido prestando sus servicios, junto a sus peculiares amos y madames, cada uno más salvaje, patético y enfermizo que el anterior. Al tiempo que va aireando los rincones más sucios de alcobas y estancias, va exponiendo relatos de toda índole sexual, moral, y hasta criminal, que apostilla con su afilado juicio. Uno de los más impactantes es aquel en el que relata su relación, de servicio, con un joven moribundo, contratada por la abuela de este. El pobre tuberculoso desea “cuidados de primera clase”, en una buena mansión costera preparada para su mejor y más pronta recuperación. No obstante, recibe altas dosis de perversas maniobras con un desenlace desesperado, agónico, a la manera de la literatura romántica más exacerbada. También recuerdo con cariño una historieta, con un abate rural, conservador y manipulador hasta la nausea como protagonista, y una extraña peripecia que le ocurre a una de sus feligresas. Y muchas otras historias que no es plan de ir desvelando. Mejor leed el libro.
El autor, Octave Mirbeau, personalidad controvertida y pendenciera de su época, no gustaba separar sus ficciones de la realidad, al parecer, y en esta sátira social se despacha a gusto contra esa deshumanizada burguesía, enfrentándola con su enemigo natural: los sirvientes, que también llevan su carga, no obstante, por su falta de moral y sus fatales pretensiones medradoras, que les convierten en feroces y repulsivos adversarios de si mismos. Un clásico y, tristemente veraz, retrato de la clase obrera de toda época, para entendernos. Hoy más que nunca (o quizá no, pero no puedo hablar de otra época fuera de la que me toca vivir) los trabajadores de toda condición, incluidos esos autónomos emprendedores tan a la moda hoy, por fuerza, deslumbrados por los falsos brillos del diamante capitalista, sucumben a los valores más mezquinos y extraños a su clase. Por tanto esta sería una lectura ejemplar para alumnos de secundaria. De escuela pública preferiblemente, porque a los de la otra, mejor dejarlos en la ignorancia ante las diabólicas mentes del servicio. 
Aparte de toda esta descriptiva y morbosa trama, se debe destacar la perfecta ubicación temporal de la obra, con la continua referencia al caso Dreyfus, y a las asociaciones antisemitas francesas, contra las que se arremete de una manera sutil e ingeniosa. Otro tanto le pasa al represor clero que padecieron en la época. Para mí, una novela muy entretenida, dinámica e instructiva. Si cae en vuestras manos, no dudéis en dedicarle unas agradables horas de lectura.

Casualmente, y sin mucho interés, vi, tras haber leído el libro, una de las tres adaptaciones cinematográficas que se han hecho de esta obra. La de Buñuel. Y, efectivamente, como dice la habitual coletilla que enfrenta libros con películas, un fiasco. Aparte de acabar con un final distinto, que se acepta como una licencia del director, me da la impresión que no consigue transmitir la riqueza de la síntesis que hace Celestine de su entorno. No soy muy aficionado al cine, pero en mi opinión, se queda en un producto superficial, que desmerece mucho al libro. 

Nota: Al momento de revisar este comentario, meses (quizá más de un año..) después de haberse escrito, estoy a punto de empezar la lectura de El jardín de los suplicios, la otra novela cumbre de Mirbeau. Os confieso que ardo en deseos, pues este hombre tiene una mente bien retorcida, y a uno, que es un poco pervertido, le encanta mirar..



viernes, 26 de abril de 2013



CLAUDIO EL DIOS Y SU ESPOSA MESALINA.

Como ya dije, el que avisa no es traidor, y me dispongo a destriparos la segunda parte de la obra de Robert Graves donde se dedica a desglosar las aventuras y desventuras de nuestro querido Claudio, el emperador-historiador de la dinastía Claudia, en los primeros tiempos del Imperio Romano.
En principio el libro debería de comenzar justo donde dejamos su precuela, pero no, Graves nos brinda un primer capítulo con las aventuras y desventuras de Herodes, amigo de la infancia de Claudio y personaje clave ya que su historia corre casi en paralela a la del buen Claudio.
Después de contar las peripecias, meteduras de gamba, picardías varias y finalmente buena fortuna del bueno de Herodes, entramos de lleno en lo que fue el gobierno de Claudio, el emperador tartaja.
Y tengo que decir que los primeros capítulos son un pelín tostón, ya que todo transcurre de una forma más o menos idílica, con nuestro emperador currando como se supone que debería de hacerlo el Borbón, impartiendo justicia, buena administración y buen rollismo allá por donde va, enamoradísimo de su joven y guapa esposa, y así el autor se empecina en enseñarnos los entresijos del funcionamiento político, administrativo y demás del imperio, lo cual esta muy bien, pero coño para eso ya hay un millón de libros, que pueden explicarlo de una forma más densa y aburrida, pero al fin y al cabo más profunda y científica. Afortunadamente esto no dura mucho, y pronto estamos sumergidos en lo que importa: la sangre; así se van sucediendo las guerras, intrigas palaciegas y lo que ello conlleva que es lo que interesa al populacho del cual este lector es un buen retrato: la violencia, los pedos y los eructos del emperador y sobretodo el sexo, argumento central de esta segunda parte sin lugar a dudas, ya que nuestro pobre Claudio que esta perdidamente enamorado de su esposa, no hace más que cazar moscas a dos manos, mientras Mesalina se folla todo lo que mea de pie por Roma, así que al final el pobre tiene unos cuernos que más que romano debería parecer vikingo.
Al final, su torpe esposa planea una conjura contra Claudio, pero todos los conjurados terminan tan borrachos que a nuestro anti-heroe no le resulta difícil desbaratarlo.
Y a partir de aquí poco más os voy a contar, que estoy un poco cansado de escribir, la melancolía y la resignación hacen mella en el prota, que traza un rocambolesco plan para que el tarado de Nerón consiga terminar siendo emperador de Roma y así propiciar la vuelta de la República; cosa que como todos sabemos no salio del todo bien.
Así que ya saben, corran, corran a su librería de segunda mano favorita y seguro que por un precio irrisorio disfruten de unas cuantas horas de placer, diversión y también reflexión sobre lo estúpido que somos los seres humanos, sin importar género, edad o status social; y si algún día tienen el placer de conocer a cierto encargado de cierto bar de rock´n´roll, díganle de mi parte que no tiene ni puta idea, que estas dos obras de Robert Graves son de lo más grande que ha parido la novela histórica.

viernes, 22 de febrero de 2013


Años Inolvidables (1966), John Dos Passos.

Últimamente me está apeteciendo mucho leer libros donde pueda encontrar impresiones sobre España, sea cual sea la época, desde la óptica de un extranjero. Dicho sea de paso, estoy abierto a sugerencias, a través del apartado llamado “comentarios”.
Con este reclamo empecé a leer esta obra. El autor, americano y desconocido hasta ahora para mí, poseedor de una amistad con Hemingway que tuvo un final agridulce, llevó una juventud rebelde y hasta contestataria, participando, entre otras causas, en defensa de los injustamente condenados Sacco y Vanzetti,  pero que sin embargo, llegó a una madurez más bien escéptica, y hasta reaccionaria, desengañado por los múltiples fracasos que atesoraron las izquierdas en Europa, principalmente.
Lo cierto es, que lejos de profundizar en opiniones muy rebuscadas en relación a lo que a nuestra piel de toro de refiere (hasta hay una errata, señalada por el traductor, retrasando, nada menos que un mes, la fiesta en honor al célebre patrón de Pamplona) si se dan buenas pinceladas acerca de la idiosincrasia más costumbrista de nuestros compatriotas de la época (años 20-30 del s.XX), narrando algunas peripecias de la mano de Unamuno o Machado, por ejemplo, o algún interesante pasaje de nuestra historia, como la salida del trono de Alfonso XIII, y el ambiente que se respiraba en las calles de Madrid.  
El libro es, en realidad, como su propio título sugiere, una bucólica rememoración de acontecimientos sucedidos al propio autor, al menos, una treintena de años antes de la materialización de este trabajo, con todo lo que ello conlleva: una (probable) deformación de la realidad, aderezada con nostalgia de abuelo que busca congraciarse con el pasado, rebuscando en el baúl de los recuerdos, otro tiempo que siempre fue mejor. ¡Y vaya si lo fue!  Que envidia da el ritmo viajero que debió llevar este señor.
Empezando por su confusa militancia pacifista, como camillero por la Francia e Italia de la I Guerra Mundial, hasta peregrinas excursiones por Oriente Medio, travesías transdesérticas incluidas, sobornando árabes convulsos y conspiradores, y oyendo “la cadencia del rezo musulmán”, y sin evitar pasar de puntillas por la Rusia post-revolucionaria, donde Stalin empezaba a hacerse fuerte, y él relata someramente, pros y contra de la política soviética. Entre viaje y viaje, aparte de escribir libros para ganarse el sustento, pasaba cómodas y ociosas estancias en Nueva York, o en un lugar de recreo llamado Key West, en la península de Florida, donde alternaba con un abrumador exceso de personajes, de la farándula, la literatura, el arte o la política, irrelevantes en su mayoría. Si, amigos. Tantas presentaciones precipitadas, ahogan al más pintado (lector).
En este último lugar de recogimiento es donde más se acerca, y paradójicamente más se aleja, de Hemingway, con quién comparte aventuras pesqueras. También goza de otras, más bien ludico-gastronómicas en nuestro país. Este es el segundo reclamo oficial del libro, al parecer, y lo que suscita unas reflexiones personales, las únicas prácticamente, del autor, que fueron las que me animaron a mí a hacer este comentario sobre el libro, que en un principio no contemplaba.
En definitiva, un libro bien interesante en lo que a relatos maravillosos se refiere, por la riqueza, el realismo, y el ritmo del autor, y que me ha motivado algunos buenos intereses personales, así como un conocimiento bastante general acerca de lo que vende la editorial que trata el libro.   

viernes, 18 de enero de 2013

Yo, Claudio


YO, CLAUDIO.

Según he visto en algún programa de televisión parece ser que la novela histórica esta de moda, no tenía ni puta idea, ando algo despistado de lo que se lleva o no se lleva en la narrativa actual, así que no voy a hablar de ninguna de esas magnas obras que se suponen que venden a paletadas, pero sin embargo sí que voy a hablar de una de las más grandes novelas o por lo menos entretenidas, que no es poco, que han sido en el terreno de la novela histórica que no es otra que el clásico de Robert Graves, Yo, Claudio.

Este Claudio fue uno de los emperadores más peculiares de la agitada y turbulenta historia del Imperio Romano. Un tartaja enfermizo, al que a pesar de tener una notable inteligencia, todo el mundo le tomaba por idiota, no solo por su tartamudez sino porque parece ser que era más feo que el demonio, por lo cual era despreciado, maltratado e ignorado por prácticamente todo el mundo. Muchos de los que le aprecian simplemente lo hacen por lástima más que porque entreven alguna cualidad positiva valida para la res política, y precisamente gracias a ello, a que todo el mundo le consideraba como un guiñapo mediocre inofensivo, consigue sobrevivir a la locura que fueron los reinados de Augusto, Tiberio y Calígula  y sobretodo sobrevivir a la fría y cruel Livia, su abuela, esposa de Octavio Augusto, auténtica ejecutora a la sombra de la acción del poder en esta primeriza etapa del imperio romano. Y es que a pesar del título, y a pesar de que se nos informa de las idas y venidas de la vida de Claudio, el libro más que una supuesta autobiografía es una retrato de la época, más concretamente de la vida política y social de las clases dirigentes de Roma, que según el autor, se nos muestra como una vida peligrosa debido a la falta de moral y remordimientos donde el pragmatismo y el acceso al poder es el leif motive de todas estas gentes, representada especialmente en la gigantesca, brillante y maligna figura de Livia. Una época donde la gente honesta, recta y bondadosa esta condenada a una muerte seguro, al igual que los pérfidos y crueles, pero muerte a la que el tonto de Claudio consigue escapar hasta convertirse él mismo en Emperador, cargo que paradójicamente ni quería detentar, ya que era un nostálgico de la República.
Es curioso señalar que a pesar de todos los asesinatos, intrigas y tramas, estas solo afectaron a la minoría privilegiada romana, sin que esto trastocara el buen vivir del pueblo, quien según el autor paso por una edad dorada en cuanto a nivel de vida se refiere; ya podía pasar aquí lo mismo, sería la ostia ver como Leire Pajín envenena a Ana Botella mientras les sirve un buen rioja al borracho de su marido, y esta a su vez es cruelmente sodomizado por un efebo de las nuevas generaciones al servicio de una de las ángeles de Mariano como por ejemplo Cospedal. En fin, quizás esto sea rebatido por algún experto en la materia y resulta que el pueblo romano no vivía tan de puta madre como nos dice Graves, lo único que puedo decir al respecto es que según un amigo, muy pajero de Roma, Graves no tiene patinazos históricos de consideración; yo lo único que puedo decir es que prefiero el pressing catch al circo romano y que no me molaría vivir en Roma, ni antes ni ahora, y que me tocase servir al ejército en campañas interminables por el Rhin, mejor ni hablar; la isla de Perejil debe ser un sitio algo mejor para mostrar el poderío militar de la nación que sea.






Una vez más ya os destripado el libro de nuevo, de hecho hasta os he contado el final, pero no importa, de hecho, no hace falta leerse el libro para conocer el final del mismo; no ya por que tengas algún tipo de inquietud hacia la Historia (bien por ti si es así), sino porque quizás hallas visto alguna película sobre el tema (que te den por culo, entonces) o hallas visto la famosa serie esa de la BBC (yo no he visto ni un puto capítulo, pero debe de ser famosa para que hasta un gañan iletrado en esos menesteres como el que esto suscribe, la conozca). Y no importa, porque aunque conozcas todos los entresijos y estructuras del funcionar del imperio romano en la época claudia, la sencilla y amena forma de contar el transcurrir de las intrigas palaciegas, las batallitas y las costumbres, aunque no son los más importantes para conocer el funcionamiento de una sociedad tan compleja como la romana, servirán para que pases un rato acojonantemente divertido, te santigües dos veces por el advenimiento del cristianismo, te cagues en la madre de Livia, Tiberio y Urgulania, te hagas una paja pensando en lo buenorras y guarrotas que debía de ser ciertas damas del alto linaje romano y hasta te entre hambre cuando leas los suculentos banquetes que se metían entre pecho y espalda nuestros amiguitos los romanos, aunque luego la mitad terminasen envenenados.

Pero sabéis lo mejor de todo…… pues que hay una segunda parte, que al igual que la primera se lee del tirón, es entretenida, contada de una forma sencilla y agradable, en definitiva igual de adictiva que la primera; así que ya están tardando en acudir a su puesto de la cuesta Mollano favorito y por un mísero euro tendrán más disfrute que comiendo una sopa castellana, un huevo frito con patatas y una pera de postre; más que nada, porque si tardan, en breve aquí estaré yo para joderos de nuevo y contaros el final de la segunda parte, aunque es un final muy conocido, me atrevería a decir que tan conocido como los finales del Trampa$-Far$a del furgol.

jueves, 6 de diciembre de 2012


“Los Cosacos”, Lev Tolstói

La lectura de este libro me provocó sentimientos encontrados. Me explico. Siendo yo un burdo iletrado (sic), la minuciosa descripción de los idílicos parajes del Cáucaso, de sus blancas montañas, y sus sencillos habitantes, se me antojaba tan interesante como el análisis de eventualidades, durante la cría del cangrejo bivalvo. Y en esto se pasa el bueno de Tolstói, durante gran parte de esta novela. Yo, esperaba encontrarme una novela, poco menos que de atroz acción bélica entre feroces pueblos se nutriera, sin embargo, aunque estas partes de acción también se encuentran en tímida y romántica medida, la verdadera lectura de la obra va más allá, tirando más hacia una síntesis del significado de la vida. En esta historia basada en vivencias del propio Tolstói, de cuando intentó escapar de la vida disoluta de su juventud, perdido por los vicios en el excitante y nobiliario Moscu, se intenta encontrar la búsqueda de la felicidad, el modo de llenar una existencia vacía mediante actos filantrópicos, reflexión introspectiva, y admiración y asimilación de la simplicidad y magnitud de la naturaleza.
Así parte el cadete Olenin, desde la capital rusa, rumbo a un lejano paraje fronterizo caucásico donde es destinado, dejando atrás toda esa vida de artificio e hipocresía, para encontrar la sencillez de la vida de unos embrutecidos, pero nobles guerreros, los cosacos, en continua bronca con los mezquinos y acechadores chechenos, por esos “quiteme allá esas pajas” territoriales de toda la vida, ya saben.. En toda historia tolstoiana que se precie, al parecer, encontramos una historia de amor, o más bien, un obscuro objeto del deseo y la obsesión con un final tirando a trágico. En este caso protagonizada por la joven Mariánushka, huidiza y misteriosa, a partes iguales, junto al aguerrido joven Lúkashka, apuesto y heroico cosaco local. Otros personajes se entremezclan, derrochando filosofía de lo cotidiano, disquisiciones etnográficas de la región, y costumbrismo, que dotan a la obra de un encantador, campechano, bucólico aroma, que pacifica y relaja el espíritu, cosa fina, oigan.
En resumen, una novela menor, que no profundiza, en demasía, en ese afán por el conocimiento de los misterios de la vida, pero resulta agradable de leer, dinámica. Un recomendable cuento para una lectura veraniega. O quizá un entremés, entre dos espesas obras de arduo contenido político-filosófico, como las que estamos hechos a leer, y algún día, cuando nos pille calientes, comentaremos en este blog.

Caruty