miércoles, 8 de octubre de 2014


Acid House (Irwine Welsh, 1994)
En un principio, no tenía en mente escribir comentario alguno sobre este libro porque, aunque a ratos he disfrutado, no me parece que aporten nada en particular unas cuantas historias más de yonkis deshumanizados y deprimidos, y otras gentes de dudosa moral, ubicados en el lumpen proletariado. No obstante, hay algunas “perlas” en esta colección de relatos breves (junto a una novela corta) que han llamado mi atención. Precisamente las que menos tienen que ver con el inframundo de las sustancias estupefacientes. Y es que aunque me pese, pues uno intenta refinar sus gustos día a día, soy otro más de los que disfrutan, un poco, deambulando desde la barrera, por las miserias ajenas. Y de eso, en este libro hay un rato. Uno tras otro van sucediéndose personajes recosidos, con múltiples cicatrices, tanto físicas como espirituales, que por el contacto que muchos hemos hecho (¡y hemos sido, que coño!) con borrachos intratables, politoxicómanos varios y arruinados morales con carnet, resultan hasta entrañables. A quién le guste Bukowski, su realismo indecente, promiscuo y su lenguaje claro, colorista y callejero, le encantará la mayor parte de la obra de Welsh, desarrollada, en su mayoría, por los sucios y grises suburbios británicos. Si bien son historias dirigidas a la juventud (si, aunque parezca increíble hay jóvenes que leen algo más que el Marca o best-sellers de saldo) por la gran dosis de identificación con las realidades que cuenta Welsh, dudo más que mucho que llegue al grueso de su público potencial, que es tirando a analfabeto, por decirlo suavemente. Una lástima ya que, y sin pretender ser moralista, la imagen deformada que podrían contemplar ante los contorsionados espejos que muestra el autor, disuadirían a más de uno de seguir por el camino de la autodestrucción. Aunque bien pudiera ser todo lo contrario, y animarle a lanzarse al abismo, que sé yo. Y añado, desde mi púlpito, que el apasionado “malditismo” de muchos “quiero y no puedo's”, junto al poco aprecio por la salud, es condición necesaria para que triunfe nuestro “querido sistema”. Me explico: hay quién cree que la autodestrucción es revolucionaria, demostrando que no se acerca, ni de lejos, a comprender el mundo en que vive.
Entre las historias que más me han gustado hay una, llamada “Los dos filósofos”, que presenta a un par de profesores universitarios, antagonistas en sus teorías políticas, y vitales, por lo tanto, que aún siendo viejos colegas, siempre acaban por sacar su rivalidad a flote, y entre discusiones etílicas en la barra del pub, temen por el futuro de su relación personal. Leyendo entre líneas (tampoco demasiado) uno encuentra una bonita historia en la que amistad y principios filosóficos se dan de ostias, para terminar en un obtuso final, a la altura del resto del libro. A mí no me cuesta identificarme con esta historia en particular, por las noches de abyectas diatribas y maledicentes dialécticas pasadas junto al principal responsable de este blog, y frente a nuestro barman de confianza. Aunque nuestras riñas no tienen el carácter de erudición de la de los dos personajes de la historia, también revelan profundos sentimientos, valores arraigados, y planteamientos frente a la vida. Todos muy correctos y respetables. Aunque los míos son más  mejores, y verdaderos, claro está. En cualquier caso, veo difícil para nosotros un final como el del relato, principalmente porque no somos anglosajones, ni excesivamente violentos. Otra cultura diferente, ya sabéis.
Otra gran historia es “La causa del Granton Star”, de inevitable reminiscencia kafkiana, por eso de convertir personas en bichos y tal, que narra la particular historia de un joven que lo pierde todo miserablemente, en cuestión de horas, y cuando nada puede ir peor… ¡Se le aparece Dios! ¿Quién no desearía tener una charla con el viejo mito? ¡Hasta un no creyente lo desearía! Pero atentos, es un Dios duro, cruel y vengativo, entre otras malvadas cualidades. Como el del Antiguo Testamento, para que os hagáis a la idea. Esta historia, aparte de truculenta, también tiene moraleja: no dejes en manos de Dios, lo que puedas solucionar tú. Muy edificante, si no fuera porque el recurso de lanzar reproches a un Dios salvador pide, de por sí, confirmar la creencia en él, o peor, sentir la necesidad de él. No obstante, buena historia.  Empiezo a comprender que este Welsh, tras sus depravadas y sucias historias, esconde cierto tufillo puritano.
Hay más historias entretenidas, como Dinae Matter, donde el típico palurdo que jamás querrías tener como padre le atiza a un Mickey Mouse tamaño humano, o Euroescoria, una bonita historia donde se define a mucha gente que va dando tumbos por la vieja Europa, en busca de una vida de gozo narcótico y desenfrenado, viviendo las más miserables y turbias penurias. La novela corta es un poco más de lo mismo. Sordidez,  y reflexiones vitales, en un clima de suburbio británico, rodeado de heces por todos sitios. Personalmente, creo que, con el tiempo, me aventuraré con alguna obra más de este tipo, aun habiendo miles de cosas que me apetece leer más, pues no termina de desagradarme suficiente su perspectiva del mundo.
El lehendakari.

viernes, 14 de febrero de 2014

THE SECRET LIFE OF A TEENAGE PUNK ROCKER. THE ANDY BLADE CHRONICLES.

Señoras y caballeros: este humilde sitio ha decidido ampliar horizontes; no, no, eso no quiere decir que vayamos a subir nuestro ritmo de lecturas. Ante todo somos gente relajada y alejada del mundanal cyber-ruido. Simplemente hemos pasado a mostrar aquí nuestras impresiones sobre un libro en inglés; SIIIIII!!!!!, en el idioma del Imperio y de su máxima vocera Esperanza Aguirre!!!!. Pero amigos, es que no se trata de un libro cualquiera. Para empezar hay que señalar que se trata de un libro de punk, y el punk es algo que me fascina hasta límites de perdida de tiempo insospechados. Pero tampoco se trata de un libro de punk cualquiera; no es el enésimo ensayo de pseudos intelectualoides que viene a contarnos las bondades del Situacionismo pero tampoco es una reunión de porteras drogadictas neoyorquinas narrándonos lo mucho que han contribuido a salvar el Rock’n’Roll. No!!!, este libro es mucho más, es la autobiografía de Andy Blade, el cantante de uno de los mejores grupos que la humanidad ha dado, EATER, que aunque seas un bobo y un pedorro y por ello no te gusten, tendrás que reconocer que son el paradigma de lo que debe de ser un grupo de punk.
Pero tampoco nos encontramos ante una autobiografía al uso. Para empezar no tiene pinta de haber sido escrito por un “negro” al estilo de la sinpar Ana Rosa, para seguir, no hay rastro de la menor autoindulgencia, vamos que no se trata del típico libro donde el autor es muy bueno y lo demás son muy malos y tontos, además nuestro amigo Andy no tiene pelos en la lengua, no esconde absolutamente nada de lo que piensa sin importarle lo más mínimo las posibles consecuencias.
Eso sí, la estructura del libro es clásica en las biografías de un tiempo a esta parte, sigue orden cronológico pero salpicadas con anécdotas sobre episodios concretos, desde la infancia de Blade y sus hermanos en Finchley hasta la catarsis final ya en el siglo XXI. En ese sentido me recuerda a la también genial autobiografía de Ricky Gil, cantante y bajista de los no menos geniales Brighton 64.
En definitiva, a través del libro vamos asistiendo a divertidas anécdotas e interesantes reflexiones del autor.




Como hemos dicho el libro empieza con la infancia de nuestro protagonista, que como suele gustar, aúna elementos típicos con episodios más bizarretes. Miembro de una familia de clase obrera con varios hermanos, sufrió el típico divorcio entre sus progenitores. Hasta aquí más o menos normal, pero el señor padre era egipcio, y aunque de costumbre más o menos relajadas, musulmán; de hecho, como os podéis imaginar, el interfecto no salió de la maternidad como Andy Blade, sino como Ashruf Radwan, y se por experiencia que tener un nombre raro no es fácil de llevar cuando se es un joven imberbe, si ya va acompañado de ese apellido pues imaginaros. Por lo demás, tampoco parece que el señor Andy llevase una pubertad tan distinta de cualquier chaval de clase obrera raruno: peyas del cole, gamberradas varias, hurtos menores y cervezicas, y el rock´n´roll claro esta. Más concretamente el Glam, que era lo que tenía obnubilado a buena parte de la chavalería de la época, ya sabéis, principios mediados de los 70.
Así, batallita tras batallita, gamberrada tras gamberrada, robo tras robo, nuestro pequeño héroe, monta una banda, que tiene la inmensa fortuna de estar en el sitio adecuado en el momento adecuado, ya que coincide con los primeros escarceos del punk británico y la puesta en el mapa de los Sex Pistols. De esta manera, Eater llama la atención de la aún en pañales escena punk, entre otras cosas, por la juventud de todos sus componente, ninguno de ellos pasaba de los 16 años. Esta claro que un grupo como Eater sería imposible que surgiera hoy en día en Madrid, no ya por una cuestión de moda o geografía, sino porque les sería imposible tocar en algún lado que no fuese una casa ocupa, gracias a las tolerantes leyes de nuestro querido ayuntamiento.
Pero volvamos al Londres del 76/77, a partir de aquí viene lo mejor del libro para quien esto escribe, y es que nos surgimos de lleno en el mundillo del punk londinenese, con sus grandezas y con sus miserias. A través del prisma de Andy se nos muestra un sinfín de anécdotas en las que casi nadie sale bien parado, se le nota un poso de amargura por lo que pudo ser y no fue, tanto para hablar de su banda como para hablar de toda la escena punk, haciendo gala del típico cinismo inglés que resulta muy divertido y grato de leer. Todas las batallitas y sus posteriores reflexiones merecen la pena, sobretodo porque como he dicho antes, Andy del primero que se ríe es de si mismo y de su banda, y porque además sus filias y sus fobias no le impiden ser objetivo y sincero. Así por ejemplo vemos que siente mucha simpatía por Joe Strummer, pero eso no le impide reconocer que los Clash caían en continuas contradicciones y que detrás de su discurso pseudo-marxista se escondía un afán por convertirse en las típicas estrellitas de Rock.
Por otro lado, Johnny Rotten y él no se profesaban simpatía alguna, entre otras cosas, por las declaraciones en las que decían que los Pistols eran demasiado viejos, por ser Eater del círculo de los Damned y también por ciertos líos de Andy con la novia de Johnny (y luego mujer) y además madre de Ari Up (cantante de las Slits con la que Andy también se llevaba a matar), pero eso no le reprime de decir que los Pistols fueron la banda más grande de la época, que sin ellos no hubiera habido nada y que Johnny Rotten fue la voz de su generación, más allá del punk neoyorquino, aún siendo Blade fan irredento de los Ramones.
Punk neoyorquino al que Andy le mete palos serios y deja claro que si no llega a ser por la explosión del punk británico, no hubiera salido de sus madrigueras del CBGB o del Max Kansas, vamos, que no hubiese salido de su estatus de grupetes de culto para una minoría de pijos pedorros hedonistas. Como muestra el demoledor y acertado párrafo. Lean y déjense ya de chorradas de Nueva York, decadencia rockanrolera y de Mátames varios:



The whole New York ‘invasion’ was quite hilarious really. Besides the RAMONES who were fantastic, regardless of any baggage they brought with them the rest of the cast were merely has-been junkies trying to latch on to a new scene for the chance of a second and hopefully more lucrative bit of the cherry. Their vision of the London scene was no better than that of the Daily Mirror. (…) if the UK punk rock scene hadn’t been invented at this point in musical history, would the New York scene really have infiltrated these shores successfully?. Would it have been the same?. (...). I don’t think so.


Anécdota tras anécdota pasa el período punk con la disolución del grupo y el rápido desencanto de Blade tanto con Eater como con el punk en general. Y nuestro bien querido protagonista hace lo peor que pudiera hacer cualquier persona cabal, meterse en el mundillo jipi que le arrastrará poco a poco a una deriva de drogas en la que terminará enganchado al caballo. A partir de aquí poco más saldrá reflejado el punk, a excepción de la moda de los conciertos reuniones, de Eater, de los Pistols y de unos cuantos más, con motivo del 20 aniversario del punk, y como siempre, lo hace para reírse con un toque amargo y de decepción de él mismo, de sus acólitos, de sus compañeros de generación y de los pajeros como yo, que solemos disfrutar con este tipo de reuniones de abueletes punkis.
Pero aunque el protagonismo del punk desaparezca, el libro sigue siendo divertido, aleccionador y entrañable. Como decía por ahí arriba termina metido en problemas con la heroína (pero lejos de la versión glamurosa y decadente de las estrellitas del rock), lo cual le lleva a hacer un bizarrísimo viaje a Oriente Medio a purgarse (el padre de Andy es de origen egipcio), a través de uno de sus hermanos, el cual se ha convertido en un fanático del Islam (y que le lleva a conocer a Cat Stevens, por cierto), se ve envuelto en relaciones tormentosas que degeneran en un ‘affaire’ amoroso de drama fílmico que le llevara a romper la amistad con Brian Chevette, guitarra de Eater y amigo desde la infancia. Todo esto, como hemos dicho anteriormente, jalonado del típico humor inglés, que a pesar de lo dramático de la situación y de lo jodido del momento, logrará arrancarte una sonrisa.
En definitiva, Andy cumple el requisito que toda autobiografía necesita para ser creíble: es auto-crítico, objetivo y no se deja llevar por afinidades personales.

Vamos, que para ir terminando, este es un libro que todo aficionado al punk o a la música en general, debería de leer. Siempre es agradable leer la otra cara del mundillo musical, no esa jalonada de exitazos, estadios, hits y programas de televisión, sino la de aquellos grupos que alcanzando cierto status mítico con el paso del tiempo, no sacaron demasiado dinero, ni fama, y por eso mismo no se vieron corrompidos. Desgraciadamente, al parecer no es un libro de fácil acceso, parece ser que en Amazon cuesta un riñón y que es difícil de encontrar. Yo no tuve ese problema, las ventajas de montar conciertos deficitarios a viejas glorias del punk. Aunque el bueno de Andy critique a los revivalistas como yo, bien que se lo paso correteando por el Wurlitzer detrás de las chavalas después del único concierto de Eater en Madrid, y gracias a eso, los organizadores nos llevamos cedeses, camisetas y por supuesto la autobiografía de este genio del Punk.

Ravishing Punk.




domingo, 5 de enero de 2014

Tortilla Flat (John Steinbeck, 1935)
Esta obra ligera ha sido mi primer acercamiento a la obra de J. Steinbeck. Bueno, esto no es del todo cierto. En los años de instituto, recuerdo haber leído De ratones y Hombres, pero su recuerdo es confuso. Para ser totalmente sincero, me decidí por este libro porque era el más fino, de entre sus  obras, que disponían en mi biblioteca local. Por puro utilitarismo más que otra cosa, aunque también es cierto que soy férreo defensor de que "lo bueno, si breve, dos veces bueno". Es molesto cargar con un tocho rompebrazos en el transporte público. Además,  prefiero no correr riesgos y no ser confundido con uno de esos lectores de zafios tochos superventas, escritos por algún robot  al servicio de la editorial de turno. Sólo así se entiende ese afán de normalizar lectores y estereotipar temáticas.

Aunque esta novela tiene, no pocos, momentos de tensión y pendencia, su mayor parte sucede en bucólicos parajes descritos con el mayor de los lirismos. Poéticas y reflexivas escenas llenas de imágenes místicas, incluso religiosas, pero con la exaltación de la amistad y la libertad por bandera, como solo una pandilla de borrachos alborotadores puede hacerlo. La mayor preocupación de Danny y su cuadrilla es conseguir, a diario, unas garrafas de vino para enjuagarse la garganta, sentados al sol, refrescando al viento sus pies desnudos, enturbiando su espíritu para sacar sus mejores y más nobles pensamientos. La trama empieza cuando Danny vuelve de prestar un gratificante e imprescindible servicio a su patria, esquilando reses en algún rancho mastodóntico y polvoriento de Texas, y se encuentra con que es propietario de dos humildes casitas en la barriada de Tortilla Flat (Monterey, California) fruto de la herencia de su respetable abuelo. Aquí, entre sutiles y certeras pullas al crimen que es la propiedad, empiezan los problemas. Otros dirán que lo que empieza es la buena vida. Según se mire. Alejados del arroyo, ante la perspectiva de un techo con el que nunca soñaron pero saben valorar (lo justo), se van juntando entorno a la casa del paisano Danny, como si de una jauría indómita se tratase, variopintos personajes, cada uno con una ética más dudosa que el anterior. Quién sigue la carrera del autor, encuentra censuras al estado de bienestar americano, o querencia por el lumpen. A mi, con una influencia más castiza, me recuerdan a una manada de Carpantas, que tienen hambre, sed, y ganas de arrejuntarse, entre el desorden y la mugre, y que reivindican el desprecio al sistema de valores.

A lo largo de la novela, el grupo va viviendo multitud de pintorescas aventuras donde se estafa, se mercadea, se expolia, y hasta se aplica justicia social al abusador y al usurero, pero siempre con un deje pícaro y sufrido, al mismo tiempo. En otras se sirve al prójimo, con la sola satisfacción del deber bien hecho, y la tranquilidad que ello supone para la mentalidad cristiana. Los continuos roces con el sexo femenino no faltan en absoluto, representados como un juego continuo de astucias y picardías de todo pelaje. El libro está lleno de geniales toques de humor, de un cinismo salvaje y desvergonzado, como pocos, que te sacan alguna carcajada irreverente, de esas que llaman la atención de medio vagón de metro. El final, además, es surrealista a más no poder. Algo que, por fuerza, tiene que tener un mensaje apocalíptico escondido o una revelación que yo no acierto a entender. Una salida de tono que perturba al más templado. No digo más.

¿Qué más puedo añadir? Pues que me he metido en esta novela hasta el cuello. He sido un compañero más de viaje. He sentido el frio de la noche a la intemperie, la embriaguez, por vino barato, de esos hombres buscando soluciones a problemas cotidianos, y  he experimentado la libertad de no pertenecer a ningún lugar, de no tener nada. Me he sentido, otra vez más, como un desahuciado social, como un loco inadaptado que quiere destruir los cimientos de cualquier sistema que haya existido jamas en cualquier mente humana.                                                                                            


Ahora no me cabe duda que leeré más a Steinbeck. Aunque sus libros pesen, y se me mojen en los días de lluvia, por no poder meterlos en el bolsillo de mi abrigo. Esta historia me ha dejado una paz interior como hacía tiempo que no me dejaba un libro. He tenido la penúltima visión vital de mi historia: quiero ser indigente en California, porque tienen buen clima y viñedos a mogollón. Si, y he empezado por buscar Monterrey en el mapa virtual de mi navegador preferido de internet.

domingo, 17 de noviembre de 2013

TIBURÓN, Peter Benchley

Por fin conseguí la novela en la que se inspiró la archifamosa película de Spielberg y, como no podía ser de otra manera, fue en ese paraíso al alcance de la mano del que ya he hablado en numerosas ocasiones y no voy a nombrar más. Como era de esperar, debido a su irrisorio precio se trata de una de esas ediciones cutre salchicheras en este caso de Planeta con la que fue la portada de la película.
Como decía, muchas ganas tenía de echarle el guante, básicamente porque el film de Spielberg me encantó y me acojono al mismo tiempo, siendo esta una de las películas que más veces he visto, dicho esto por un tío que no siente especial admiración por el mal llamado séptimo arte. Pero esta vez tengo que reconocer que la versión fílmica, por una vez y sin que sirva de precedente, es mejor que la novela. Y por que, se preguntará el incauto que lea este su blog, pues básicamente porque nuestro director judío favorito se dedico a quitar las subtramas “culebronescas” que aparecen en el libro, centrándose casi en exclusiva en el supertiburón asesino. Así, con buen criterio, Spielberg se cepilla el triangulillo amoroso entre el jefe de policía, la parienta y el oceanógrafo, como los conflictos de clase, así mismo el personaje del alcalde en la novela tiene más miga y en la peli no sale un obeso periodista que goza de importancia en el libro.
Aunque los aciertos son mayores, también hay que decir, que mientras en el libro se le da mucha importancia al desastre económico que representa el tiburón, mezclado con oscuros intereses del señor alcalde, a una población humilde y trabajadora que subsiste por el turismo veraniego (a que país les recuerda?), esto que en la spilberiada se trata  de refilón, aquí se toca bastante, encima creando unos complejos de culpabilidad y depres de aupa, sobretodo en el caso del jefe de policía Brody. Pero bueno, en definitiva, Spielberg hizo bien en desembarazarse de los coñazos amorosos que les restan protagonismo al que tiene que ser el auténtico protagonista: el tiburón!!!!.

Pero no piensen ustedes que es un libro mediocre y aburrido, para nada; estamos ante el clásico best seller, modelo de los años 70, a lo Chacal, Quinto Jinete etc., o sea que se lee perfectamente, no es demasiado pretencioso y tiene una duración adecuada, vamos nada que ver con el modelo de best seller que ha perpetrado Dan Brown e impersonators, con super mujeres policía de pasado maldito y el tímido y flojeras pero a la vez cultísimo e inteligentísimo profesor universitario de turno, que esto no viene a cuento, pero es un modelo que se ha copiado en la literatura juvenil (uffff) y hasta en las series de televisión. Así que sí, por un casual se encuentran Tiburón, casi seguro que será a precio de saldo, uno o dos euros, que sepan que tendrán una estupenda lectura que pueden llevar consigo a esas fantásticas vacaciones que van a tener en California, Sudáfrica o Australia, malditos burgueses de mierda!!!!.


martes, 5 de noviembre de 2013

The London Punk Tapes (Jordi Valls/Vagina Dentata Organ, 2010)

A cualquier persona de bien que nos conozca, y sepa de la existencia de este blog, se le va a hacer muy dificil comprender porque, en algo más de año y medio, aún no hemos publicado ninguna colección de exabruptos sobre alguno de esos jugosos libros que versan sobre uno de los temas que más nos apasionan, y sin arrogancia, podemos decir que conocemos con detalle: El Punk. Yo sé la respuesta, o al menos la intuyo, pero no os la voy a dar, no vaya a ser que la registre la NSA (la americana, no la mostoleña) y utilicen nuestras debilidades para derrocar nuestro gobierno en la sombra. De todos modos, esta carencia esta a punto de ser solventada, gracias al amigo que me regaló este libro, y a una situación personal actual, en la que sobrevalorar cualquier material decente de lectura que caiga en mis manos, se convierte en cuestión capital para mi participación en este ciberespacio, patrocinador impertérrito y brazo sofisticado de ese programa radiofónico con el que soliamos entretener a gente inquieta, sagaz y apasionada.

El libro se define como un catálogo visual complementario al archivo de casettes que el autor plasmó, grabadora en mano, en el advenimiento del Punk, allá por el Londres del 76, y con el que más tarde se hizo una exposición multimedia, mezclando este material con los audios e imagineria punk varia. O algo asi, he entendido yo, pero que tampoco importa demasiado, no nos engañemos. Lo realmente importante, en mi opinión, es contar la historia de como unos chavales, con poca visión a largo plazo, irrumpieron violentamente en un escenario musical anquilosado, con sus instrumentos amenazantes. Y todo ello, usando como hilo conductor el exhaustivo listado de conciertos de los Sex Pistols (Hurra!), desde Noviembre de 1975 a la noche del Winterland, y las fotos de las citadas cintas, buena excusa para la obra, pero que se usa un poco sin medida, para mi gusto.

Dejando a un lado la parte visual del libro, que tira de muy buenas, y no muy trilladas, fotos de Salvador Costa o Ben Browton, entre otros, y de oportunos collages con recortes de prensa, cartelería o portadas de discos o fanzines de la época, lo que el ávido lector más apreciará son las entrevistas a las bandas que, si bien no fueron las únicas de entre las que más nombre cogieron (lease: ficharon por multinacionales), si fueron pioneras o anduvieron cerca. Deseo entender que esto obedece a que fueron las que el autor más circundaba, y no a intereses puramente comerciales, pero uno, buen conocedor de la historia oficial, hubiera deseado que se entrará en la historia de aquellas que no tuvieron la misma trascendencia. Como sea, el tema es que en esas entrevistas, extraidas de fanzines de la época, como Sniffin' Glue -el cual, debo confesar, que tengo, gracias a otro amigo (nótese la relación Punk-Amigos-Vida), por completar la lectura de su especial recopilación de todos sus números-, 48 Thrills o Jolt, se retratan bastante bien los grupos. Los Clash, como los revolucionarios adolescentes que eran; Damned, como unos tios con muy poca verguenza; Subway Sect, una de mis preferidas, como gente desenfadada y con una clarividencia política admirable; o Generation X, como aquellos que deseaban epatar con su rupturismo juvenil. También las Slits dejan unas pinceladas de su ideario. Supongo que más información puede encontrarse en los originales. Encuéntralos si tienes tiempo y dinero. También tienen su espacio La Banda Trapera, como precursores del Punk en Cataluña e, imagino, que por la misma afinidad del autor con ellos, aunque ya sabemos todos que, musicalmente, les va grande la etiqueta. Especial mención a las fotografías fantasmagóricas de Sid y Nancy, que aporta Silvia (Ultimo Resorte), que servidor no había visto nunca y que muestran, junto a los turbios hechos que acompañaron a su realización, el clima de tensión que se vivía en la época. Cierra el libro, una encíclica anti My Space de Marc Viaplana, dirigida a los punks de sólidos y arraigados valores antisistema. Pues vale.

En fin, un baño de rabia juvenil y derroche de energía musical, creatividad y transgresión, bajo la imageniería provocadora que suele acompañar al Punk y al autor, en general, que aunque desprenda ya, me temo, cierto aire de nostálgia naftalinesca (¿y yo de que me puedo quejar? Si, al menos musicalmente, sigo viviendo en aquellos maravillosos años...), bien podría servir de inspiración a la chavalería adocenada. Y aqui acabo, que paso de adoctrinar, y en cualquier momento, pueden empezar ya a salirme desvaríos de pureta resentido. Yo he disfrutado a tope de su lectura, o su visionado, como se prefiera, y añado más: se me ha hecho corta. Por lo visto por la red, pudiera ser que este hombre tenga escondido más material para el disfrute generalizado de los amantes del género. Deseamos ver.


El Lehendakari.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

FRANKESTEIN

Una espinita tenía clavada con el clásico imperecedero de Mary Shelley; desde la facultad era un libro del que siempre andaba detrás debido a una magnífica asignatura que me pille llamada transmisión mítica en la literatura occidental. Me gusto mucho el argumento y la historia en sí, me parecía interesante eso de jugar a ser Dios, el mito de Prometeo y tal. Pero por unas razones o por otras nunca lo conseguía,  bueno para que os voy a engañar, siempre fue la misma: dos veces me compre el libro, dos veces lo perdí por ir borrachuzo y dejármelo por ahí. La de libros que habré perdido por esa manía de llevármelos a todos lados. Menos mal que han inventado móviles con Internet y ya tengo con que entretenerme en los depresivos viajes de vuelta a casa en transporte público, tras alguna borrachera infame.
El caso es que tras leerme la primera páginas, que solían coincidir con la biografía de  Mistress Shelley, mi interés se iba acrecentando, sip, como habéis podido imaginar, esta buena señora tuvo una vida que por si misma ya sería narrable, entre el drama, la aventura, el amor maldito en un ambiento lleno de bohemia y aventuras, el sueño húmedo de cualquier aspirante a estrellado del rock que se precie; en fin, una señora fascinante sin lugar a dudas. Así, que como ya sabéis, amiguitos, no hay mal que cien años dure, y al fin pude leerme Frankestein sin ningún imprevisto. Pero como suele pasar en estos casos, en los que uno tiene las expectativas tan altas, pues sucede como con muchos regalos de reyes o como los conciertos de los Stiff Little Fingers: termine un tanto decepcionado. Y eso que mi buen amigo Alfredo, ejerciendo de pájaro de mal agüero, me aviso, pero nada, yo ni caso; me dije, no puede ser, este tiene que ser un librazo del copón, pero no, no fue así, el porque, intentaré explicarlo seguidamente.

El libro empieza con muy buena pinta, con el típico viajero del siglo XIX, que busca encontrarse a si mismo a través de aventuras a remotas regiones, en este caso el polo norte, nos da cuenta de ello por medio de cartas que le va enviando a su hermana, y así termina recogiendo al Dr. Frankenstein, nuestro moderno Prometeo, quien procede a contarle su terrible historia, y no digo terrible porque de mucho miedo, sino más bien por el doctor es un pesado del copón, un llorón que no hace más que darnos la brasa con sus conflictos filosóficos varios. Al igual que en culebrones tales como Gossip Girls o Beverly Hills, nuestro doctor es un pijazo del copón que viene de la muy pija suiza, como además de pijos, los suizos son calvinistas, en vez de darse a la mala vida y al folleteo, nuestro franki se enamora castamente de su hermana adoptiva y marcha para Alemania, al igual que nuestros licenciados patrios, donde como buen metódico calvinista y debido a la (nefasta) influencia de los clásicos, se dedica a crear su propio ser humano, la cosa no sale bien del todo y le sale un hermano calatraba mezclado con luchador de pressing catch. El tío en vez de aceptar que su invento no le ha quedado muy presentable (como suelo hacer yo, cuando me da por hacer una sopa castellana), se da el piro, dejando a su creación, con una empanada curiosa, por ahí danzando.

Lo que viene a continuación es un bucle, nuestro doctor todo el día con fiebres y remordimientos y nuestra criatura practicando el más puro do it yourself (aprende a comer, a vestirse, leer, mear y cagar por su cuenta). Pronto el bicho este se da cuenta de que todo el mundo le rechaza por feo de cojones y en un arrebato de ira se carga al hermanito del doctor, provocando la desesperación de este. Pronto se encuentran, el bicho le cuenta su vida al atribulado doctor y le pide un favorcillo, una pititi hecha a su imagen y semejanza, ya que esta muy claro que el pobre con lo poco agraciado que es pues no se va a comer un mojón y parece ser que el bicho este salió con la libido a niveles normales cuanto menos. Nuestro creador acepta, y a partir de aquí entramos en la parte más coñazo del libro.

Poco después a nuestro protagonista le asaltan las dudas y los remordimientos, en vez de despreocuparse y construirle la parejita, comienza a meterse en berenjenales ético-morales sobre la responsabilidad, las obligaciones, la ética y blablabla, para al final cargarse a la señora de su ahijado feucho, pero claro, su creación le pilla in fraganti y se monta la marimorena y no les cuento más. En definitiva, podemos decir que lo normal era ponerse de parte del monstruo, el pobre es un marginal, un solitario, un incomprendido debido a su aspecto, pero es que además es culto y espabilado, por lo que su sufrimiento es doble, no obstante, el engendro este también es un pesado de cojones, no tiene los rasgos arios de la gente de su entorno pero sí que se le han pegado la cursilería, la manía de enfrascarse en chapas filosóficas y en marear la perdiz.


En definitiva, un libro el de la señora Shelley, que si bien me ha decepcionado un poco, ahonda en esa idea tan vieja que son las consecuencias que conlleva el querer jugar a Dios y la manía que tenemos los despreciables seres humanos de juzgar negativamente a los que son distintos, por lo tanto desagradables a la gran masa informe, anónima y estúpida que conforma nuestras sociedades occidentales. Pero eso ustedes ya lo saben, y aunque de boquilla digan que esta mal, seguro que alguna vez ha soñado con construirse un pibón o machote que le satisfaga o se han reído del clásico pazguato al que se le caían los mocos en su clase e iba en chándal todos los putos días. Sip, lo han adivinado, yo era/soy uno de esos.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Franco Me Hizo Terrorista (2003), Stuart Christie.

La primera vez que oí hablar de Christie, fue tras la lectura de “Nos estamos acercando. La historia de Angry Brigade” de La Felguera Ediciones, pues era un sospechoso habitual continuamente hostigado por la policía, por sus contactos y declarada militancia anarquista, que intentaba involucrarlo, a toda costa, en las acciones de los furiosos brigadistas. Christie, escocés, y activista desde su más tierna juventud, relata en esta segunda parte de su trilogía autobiográfica, como su conciencia se debate desazonada, ante el panorama de sufrimiento y opresión que vive el pueblo español, tras la guerra civil, bajo la bota de ese regio hombre, de voz aflautada, que añoraba tiempos de gloria nacional, católica y romana, y dirige el destino de sus súbditos con guante de guillotina.

Pues bien, Christie, con la juventud inflamada, el cúmulo de canciones de gesta oídas a sus mayores, y el miedo abandonado en algún rincón renegrido por las chimeneas de carbón de su Glasgow natal, nos regala en esta trepidante, a la par que árida en recursos literarios, novela del más puro estilo de acción, como se lanza raudo a la insólita aventura de transportar material explosivo, propiedad de la red de exiliados españoles en Francia, opositores clandestinos al régimen (aunque sobradamente controlados por él y sus no declarados colaboradores), desde el extrarradio parisino al mismísimo kilómetro cero de la capital del Imperio, con el fin de abastecer a la resistencia en su casto objetivo de acercar al caudillo, por vía rápida y sin paradas, al Santo Creador, fuente indudable de inspiración para si mismo. El final del dictador ya se conoce de sobra. El de Christie, algo menos. Y ello es lo que desentraña este libro que nos ocupa: la enriquecedora experiencia personal de conocer el más puro sentimiento del alma castiza. Aunque en su versión más amarga: dentro de un penal de la Dictadura.
Dicho sea de paso, se conoce que en esta triste época de nuestra historia, era en la cárcel donde uno mejor podía confraternizar con la vanguardia de la política antifranquista, e incluso del pensamiento y la cultura. A lo largo del libro se van narrando un sin fin de anécdotas relativas a la picaresca que acontecía en la cárcel, como la historia de un gitano, internado en la enfermería, por tragarse una rata viva, por una apuesta de veinte pesetas, o las cómicas aventuras de dos improvisados toreros. Es patente la repulsa de Christie, como ciudadano sensible y cabal, por la fiesta nacional, y las no pocas refriegas que ello le acarreo entre el lumpen ibérico. El estudio pormenorizado de Christie hacia la personalidad “desvergonzadamente chauvinista, alegre, individualista, contradictoria, y particularmente antioficialista” de los españoles, se manifiesta por todo el libro, junto al confuso sentimiento de aceptación que vivió por el resto de reclusos, que llegaron a apreciarle, pero no le tomaban muy en serio, porque claro, eso de venir de tan lejos a acabar con el “problemón” interno que teníamos encima, nunca termina de aceptarlo un español de raza.. ¡Pues no faltaba más! También se da  repaso a multitud de personajes históricos, cada uno con sus circunstancias, como el nazi Otto Skorzeny, creador del oscuro y secreto Grupo Paladín, asociación para la extorsión y asesinato de militantes de izquierda, por medio mundo. E incluso se menciona la carrera e implicaciones de un buen número de esos militantes ácratas que luchaban por el fin de la Dictadura, de fronteras para afuera, como Octavio Alberola. Los capítulos de rivalidades con los comunistas, también son de traca.

En general, y salvando la tragedia, Christie ofrece una imagen positivista de este periodo de tres años (fue amnistiado en 1967, principalmente por intereses políticos del régimen, que empezaba a considerar la mejora de su imagen en el exterior, entre otras muchas estratagemas) donde gracias a ser extranjero no sufrió el mayor de los rigores del trato penitenciario, en manos de falangistas, clero vil y otros subproductos fascistas.

Lo más relevante es la modificación de su carácter, las diferencias que fue observando y cómo las analizaba siempre para mantenerse en guardia con el entorno, con los tipos que frecuentaba. Todo ello inevitablemente influido por la perspectiva primera de pasarse veinte años “a la sombra”, y cómo la rabia evoluciono a deseos por salir adelante en esa situación adversa. El paso por la privación de libertad es algo que no se desea a mucha gente. A mucha menos de la que le sucede.


En cualquier caso, se agradece a Christie que encontrara las ganas para rememorar esta historia, ejemplo de determinación y de lucha ante las adversidades, y que nos la contará, pues sin este tipo de libros, esta y otras muchas historias no tendrían difusión, ya que nuestros medios de información no parecen muy interesados en ellas, salvo en alguno de esos canales que nadie ve, y siempre bien embadurnado de un barniz de pasado rancio y romanticismo bobalicón, porque ya sabéis, chavales, que no son modelos a imitar, sino recuerdos del ayer, y que aquí se vive de puta madre, (aunque un poco apuradillos últimamente, habremos de arrimar el hombro y tal..) y eso de luchar por tus convicciones es de losers total. ¿O no? Pues eso...

martes, 16 de julio de 2013

Scaramuche. Sabatini


SCARAMOUCHE. Rafael Sabatini

Alucinante, de verdad, alucinante, o yo soy un raro que no entiende este mundo, o como diría cierto conjunto musical, la gente es gilipollas. Porque empiezo de esta manera tan directa y maleducada, porque estoy harto de ver gente infeliz.
Esto viene a cuento por la necesidad que tienen por un lado los infresers de despreciar la lectura y los culturetas de leer solo cosas densas y deprimentes, cuando desde tiempos inmemoriales podemos disfrutar de la novela de aventuras, especialmente cuando se trata de una obra tan magnífica y entretenida como es el Scaramouche de Sabatini. Por un lado, nuestros queridos garrulos y garrulas de barrio, disfrutarían de acción, romance, humor y aventuras de todo tipo con un final digno del mejor culebrón que se puedan imaginar, y por otro lado los/las culturetas podrán disfrutar del placer de evadirse viajando a otros tiempos, quizás más duros, pero indudablemente más épicos, mientras avanzan en la ardua y dura tarea de avanzar en el conocimiento del mundo que nos rodea e incluso que se den cuenta de una puta vez que estar en un café hablando sobre su último viaje al Metroplitan no va a cambiar absolutamente nada y van a ser toda su puta vida unos parásitos becarios mal pagados. Y os aseguro que tengo más razón que un santo, ya que los garrulos suelen decir que soy un cultureta, y los culturetas que soy un garrulo, y ambos tienen razón a medias, así que ya saben, háganme caso, o mejor aún, vótenme el día que decida dar el salto a la arena política.

Pero vayamos al grano, poco os puedo hablar del autor, para variar me compre la cutre versión de la colección de aventuras del País al fantabuloso precio de un Aurelio, así que tampoco me puedo quejar. Eso sí, el amigo Sabatini creo que se nos presenta o bien, como un liberal de tomo y lomo o bien como un desencantado de la humanidad, no me queda muy claro.
Y es que amigos Scaramouche representa el mito tonto que nos han impuesto del capitalismo, del hombre hecho a sí mismo, que con trabajo y talento llegaras a cualquier lado, el sueño americano, vaya, pero claro nuestro prota es un cínico de cojones y no cree en nada, de hecho solo se mete en política por vengar a un amigo, pero más adelante nos daremos cuenta que su amigo muerto le importa un rábano, sino que lo hace por la vieja razón que todos entenderemos. Un cabrón se quiere ligar a la pititi que le gusta. Aunque claro, en el caso de Scaramouche es fácil triunfar, pues cuenta con la ayuda de su padrino, un noble que le paga unos buenos estudios que le permiten desarrollar una inteligencia prodigiosa y una vasta cultura con la que dota Sabatini a su personaje, así cualquiera, no te jode.
El colega Sabatini además tiene el acierto de colocar la novela en el contexto de la Revolución Francesa y vemos ambigüedades por todas partes, al final tendemos a pensar que lo mejor es ir a tu puta bola y no meterte en fregados, mientras se crítica abiertamente a la época más proletaria de la Revolución Francesa, aunque también hay alegatos contra la burguesía, la nobleza, pero al final todo queda en un we are the World, we are the children, en el que todos podemos ser amigos y trabajar juntos, porque así todo el mundo será feliz, porque todo el mundo errr buenoh.







De todas formas, no me hagan mucho caso, realmente no importa demasiado lo que he puesto en el anterior párrafo, todos somos un tanto mayores ya para creernos esas chorradas del liberalismo y yo no estoy a aquí para convencerles de nada más de que tienen que leer este libro sí o sí. Porque?, me dirán ustedes, sencillo: engancha desde la primera página, no hay una página que aburra, hay giros cojonudos y en fin, hasta un final feliz y encima no demasiado tópico. Por una vez no os voy a destripar más el argumento, mejor descubrirlo por uno mismo, es lo que tienen los best-sellers, no aportan nada nuevo pero enganchan que da gusto y sí, de vez en cuando mola escaparse de la mierda de realidad a la que nos vemos avocados, y al precio de un mísero euro; no me digan ustedes que no mola.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Diario De Una Camarera (1900), Octave Mirbeau

¿A quién puede no apetecerle leer una lúdica y picaresca novela, escrita por una sencilla y humilde doncella de servicio? En realidad, de humilde e inocente tiene poco esta tipa, más bien lo que hace es ejecutar un ejercicio de malvado voyerismo por las entrañas de la alta sociedad francesa de finales del siglo XIX, también conocido como La Belle Époque. Un periodo de entreguerras, donde entre tumultuosas circunstancias, se entremezclaban el violento ascenso de los movimientos políticos obreros, que clamaban por una reestructuración del sistema, mediante asociaciones prontamente proscritas, con el desenvolvimiento de la ciencia al servicio de “el estado del bienestar”. El Art Nouveau, influido por exóticas y sensuales imágenes, que abrumaba el frágil espíritu de una decadente sociedad burguesa, también vio la luz en aquellos tiempos. Pero hubo más. La esperanza ante la incertidumbre del nuevo siglo que se estrena, jugó contra la desgana y el desprecio por el hombre intelectual. En fin, cientos de frentes, miles de brechas abiertas para todos los gustos. Conflictividad a flor de piel… ¡la alegría de vivir!

Celestine es una sirvienta nada dócil que, situando la acción principal en la última casa en que está sirviendo, la de los provincianos y psicóticos Lanlaire, va recordando, entre ensoñaciones nostálgicas y ácidos y sarcásticos comentarios, cada una de las casas por las que ha ido prestando sus servicios, junto a sus peculiares amos y madames, cada uno más salvaje, patético y enfermizo que el anterior. Al tiempo que va aireando los rincones más sucios de alcobas y estancias, va exponiendo relatos de toda índole sexual, moral, y hasta criminal, que apostilla con su afilado juicio. Uno de los más impactantes es aquel en el que relata su relación, de servicio, con un joven moribundo, contratada por la abuela de este. El pobre tuberculoso desea “cuidados de primera clase”, en una buena mansión costera preparada para su mejor y más pronta recuperación. No obstante, recibe altas dosis de perversas maniobras con un desenlace desesperado, agónico, a la manera de la literatura romántica más exacerbada. También recuerdo con cariño una historieta, con un abate rural, conservador y manipulador hasta la nausea como protagonista, y una extraña peripecia que le ocurre a una de sus feligresas. Y muchas otras historias que no es plan de ir desvelando. Mejor leed el libro.
El autor, Octave Mirbeau, personalidad controvertida y pendenciera de su época, no gustaba separar sus ficciones de la realidad, al parecer, y en esta sátira social se despacha a gusto contra esa deshumanizada burguesía, enfrentándola con su enemigo natural: los sirvientes, que también llevan su carga, no obstante, por su falta de moral y sus fatales pretensiones medradoras, que les convierten en feroces y repulsivos adversarios de si mismos. Un clásico y, tristemente veraz, retrato de la clase obrera de toda época, para entendernos. Hoy más que nunca (o quizá no, pero no puedo hablar de otra época fuera de la que me toca vivir) los trabajadores de toda condición, incluidos esos autónomos emprendedores tan a la moda hoy, por fuerza, deslumbrados por los falsos brillos del diamante capitalista, sucumben a los valores más mezquinos y extraños a su clase. Por tanto esta sería una lectura ejemplar para alumnos de secundaria. De escuela pública preferiblemente, porque a los de la otra, mejor dejarlos en la ignorancia ante las diabólicas mentes del servicio. 
Aparte de toda esta descriptiva y morbosa trama, se debe destacar la perfecta ubicación temporal de la obra, con la continua referencia al caso Dreyfus, y a las asociaciones antisemitas francesas, contra las que se arremete de una manera sutil e ingeniosa. Otro tanto le pasa al represor clero que padecieron en la época. Para mí, una novela muy entretenida, dinámica e instructiva. Si cae en vuestras manos, no dudéis en dedicarle unas agradables horas de lectura.

Casualmente, y sin mucho interés, vi, tras haber leído el libro, una de las tres adaptaciones cinematográficas que se han hecho de esta obra. La de Buñuel. Y, efectivamente, como dice la habitual coletilla que enfrenta libros con películas, un fiasco. Aparte de acabar con un final distinto, que se acepta como una licencia del director, me da la impresión que no consigue transmitir la riqueza de la síntesis que hace Celestine de su entorno. No soy muy aficionado al cine, pero en mi opinión, se queda en un producto superficial, que desmerece mucho al libro. 

Nota: Al momento de revisar este comentario, meses (quizá más de un año..) después de haberse escrito, estoy a punto de empezar la lectura de El jardín de los suplicios, la otra novela cumbre de Mirbeau. Os confieso que ardo en deseos, pues este hombre tiene una mente bien retorcida, y a uno, que es un poco pervertido, le encanta mirar..



viernes, 26 de abril de 2013



CLAUDIO EL DIOS Y SU ESPOSA MESALINA.

Como ya dije, el que avisa no es traidor, y me dispongo a destriparos la segunda parte de la obra de Robert Graves donde se dedica a desglosar las aventuras y desventuras de nuestro querido Claudio, el emperador-historiador de la dinastía Claudia, en los primeros tiempos del Imperio Romano.
En principio el libro debería de comenzar justo donde dejamos su precuela, pero no, Graves nos brinda un primer capítulo con las aventuras y desventuras de Herodes, amigo de la infancia de Claudio y personaje clave ya que su historia corre casi en paralela a la del buen Claudio.
Después de contar las peripecias, meteduras de gamba, picardías varias y finalmente buena fortuna del bueno de Herodes, entramos de lleno en lo que fue el gobierno de Claudio, el emperador tartaja.
Y tengo que decir que los primeros capítulos son un pelín tostón, ya que todo transcurre de una forma más o menos idílica, con nuestro emperador currando como se supone que debería de hacerlo el Borbón, impartiendo justicia, buena administración y buen rollismo allá por donde va, enamoradísimo de su joven y guapa esposa, y así el autor se empecina en enseñarnos los entresijos del funcionamiento político, administrativo y demás del imperio, lo cual esta muy bien, pero coño para eso ya hay un millón de libros, que pueden explicarlo de una forma más densa y aburrida, pero al fin y al cabo más profunda y científica. Afortunadamente esto no dura mucho, y pronto estamos sumergidos en lo que importa: la sangre; así se van sucediendo las guerras, intrigas palaciegas y lo que ello conlleva que es lo que interesa al populacho del cual este lector es un buen retrato: la violencia, los pedos y los eructos del emperador y sobretodo el sexo, argumento central de esta segunda parte sin lugar a dudas, ya que nuestro pobre Claudio que esta perdidamente enamorado de su esposa, no hace más que cazar moscas a dos manos, mientras Mesalina se folla todo lo que mea de pie por Roma, así que al final el pobre tiene unos cuernos que más que romano debería parecer vikingo.
Al final, su torpe esposa planea una conjura contra Claudio, pero todos los conjurados terminan tan borrachos que a nuestro anti-heroe no le resulta difícil desbaratarlo.
Y a partir de aquí poco más os voy a contar, que estoy un poco cansado de escribir, la melancolía y la resignación hacen mella en el prota, que traza un rocambolesco plan para que el tarado de Nerón consiga terminar siendo emperador de Roma y así propiciar la vuelta de la República; cosa que como todos sabemos no salio del todo bien.
Así que ya saben, corran, corran a su librería de segunda mano favorita y seguro que por un precio irrisorio disfruten de unas cuantas horas de placer, diversión y también reflexión sobre lo estúpido que somos los seres humanos, sin importar género, edad o status social; y si algún día tienen el placer de conocer a cierto encargado de cierto bar de rock´n´roll, díganle de mi parte que no tiene ni puta idea, que estas dos obras de Robert Graves son de lo más grande que ha parido la novela histórica.

viernes, 22 de febrero de 2013


Años Inolvidables (1966), John Dos Passos.

Últimamente me está apeteciendo mucho leer libros donde pueda encontrar impresiones sobre España, sea cual sea la época, desde la óptica de un extranjero. Dicho sea de paso, estoy abierto a sugerencias, a través del apartado llamado “comentarios”.
Con este reclamo empecé a leer esta obra. El autor, americano y desconocido hasta ahora para mí, poseedor de una amistad con Hemingway que tuvo un final agridulce, llevó una juventud rebelde y hasta contestataria, participando, entre otras causas, en defensa de los injustamente condenados Sacco y Vanzetti,  pero que sin embargo, llegó a una madurez más bien escéptica, y hasta reaccionaria, desengañado por los múltiples fracasos que atesoraron las izquierdas en Europa, principalmente.
Lo cierto es, que lejos de profundizar en opiniones muy rebuscadas en relación a lo que a nuestra piel de toro de refiere (hasta hay una errata, señalada por el traductor, retrasando, nada menos que un mes, la fiesta en honor al célebre patrón de Pamplona) si se dan buenas pinceladas acerca de la idiosincrasia más costumbrista de nuestros compatriotas de la época (años 20-30 del s.XX), narrando algunas peripecias de la mano de Unamuno o Machado, por ejemplo, o algún interesante pasaje de nuestra historia, como la salida del trono de Alfonso XIII, y el ambiente que se respiraba en las calles de Madrid.  
El libro es, en realidad, como su propio título sugiere, una bucólica rememoración de acontecimientos sucedidos al propio autor, al menos, una treintena de años antes de la materialización de este trabajo, con todo lo que ello conlleva: una (probable) deformación de la realidad, aderezada con nostalgia de abuelo que busca congraciarse con el pasado, rebuscando en el baúl de los recuerdos, otro tiempo que siempre fue mejor. ¡Y vaya si lo fue!  Que envidia da el ritmo viajero que debió llevar este señor.
Empezando por su confusa militancia pacifista, como camillero por la Francia e Italia de la I Guerra Mundial, hasta peregrinas excursiones por Oriente Medio, travesías transdesérticas incluidas, sobornando árabes convulsos y conspiradores, y oyendo “la cadencia del rezo musulmán”, y sin evitar pasar de puntillas por la Rusia post-revolucionaria, donde Stalin empezaba a hacerse fuerte, y él relata someramente, pros y contra de la política soviética. Entre viaje y viaje, aparte de escribir libros para ganarse el sustento, pasaba cómodas y ociosas estancias en Nueva York, o en un lugar de recreo llamado Key West, en la península de Florida, donde alternaba con un abrumador exceso de personajes, de la farándula, la literatura, el arte o la política, irrelevantes en su mayoría. Si, amigos. Tantas presentaciones precipitadas, ahogan al más pintado (lector).
En este último lugar de recogimiento es donde más se acerca, y paradójicamente más se aleja, de Hemingway, con quién comparte aventuras pesqueras. También goza de otras, más bien ludico-gastronómicas en nuestro país. Este es el segundo reclamo oficial del libro, al parecer, y lo que suscita unas reflexiones personales, las únicas prácticamente, del autor, que fueron las que me animaron a mí a hacer este comentario sobre el libro, que en un principio no contemplaba.
En definitiva, un libro bien interesante en lo que a relatos maravillosos se refiere, por la riqueza, el realismo, y el ritmo del autor, y que me ha motivado algunos buenos intereses personales, así como un conocimiento bastante general acerca de lo que vende la editorial que trata el libro.   

viernes, 18 de enero de 2013

Yo, Claudio


YO, CLAUDIO.

Según he visto en algún programa de televisión parece ser que la novela histórica esta de moda, no tenía ni puta idea, ando algo despistado de lo que se lleva o no se lleva en la narrativa actual, así que no voy a hablar de ninguna de esas magnas obras que se suponen que venden a paletadas, pero sin embargo sí que voy a hablar de una de las más grandes novelas o por lo menos entretenidas, que no es poco, que han sido en el terreno de la novela histórica que no es otra que el clásico de Robert Graves, Yo, Claudio.

Este Claudio fue uno de los emperadores más peculiares de la agitada y turbulenta historia del Imperio Romano. Un tartaja enfermizo, al que a pesar de tener una notable inteligencia, todo el mundo le tomaba por idiota, no solo por su tartamudez sino porque parece ser que era más feo que el demonio, por lo cual era despreciado, maltratado e ignorado por prácticamente todo el mundo. Muchos de los que le aprecian simplemente lo hacen por lástima más que porque entreven alguna cualidad positiva valida para la res política, y precisamente gracias a ello, a que todo el mundo le consideraba como un guiñapo mediocre inofensivo, consigue sobrevivir a la locura que fueron los reinados de Augusto, Tiberio y Calígula  y sobretodo sobrevivir a la fría y cruel Livia, su abuela, esposa de Octavio Augusto, auténtica ejecutora a la sombra de la acción del poder en esta primeriza etapa del imperio romano. Y es que a pesar del título, y a pesar de que se nos informa de las idas y venidas de la vida de Claudio, el libro más que una supuesta autobiografía es una retrato de la época, más concretamente de la vida política y social de las clases dirigentes de Roma, que según el autor, se nos muestra como una vida peligrosa debido a la falta de moral y remordimientos donde el pragmatismo y el acceso al poder es el leif motive de todas estas gentes, representada especialmente en la gigantesca, brillante y maligna figura de Livia. Una época donde la gente honesta, recta y bondadosa esta condenada a una muerte seguro, al igual que los pérfidos y crueles, pero muerte a la que el tonto de Claudio consigue escapar hasta convertirse él mismo en Emperador, cargo que paradójicamente ni quería detentar, ya que era un nostálgico de la República.
Es curioso señalar que a pesar de todos los asesinatos, intrigas y tramas, estas solo afectaron a la minoría privilegiada romana, sin que esto trastocara el buen vivir del pueblo, quien según el autor paso por una edad dorada en cuanto a nivel de vida se refiere; ya podía pasar aquí lo mismo, sería la ostia ver como Leire Pajín envenena a Ana Botella mientras les sirve un buen rioja al borracho de su marido, y esta a su vez es cruelmente sodomizado por un efebo de las nuevas generaciones al servicio de una de las ángeles de Mariano como por ejemplo Cospedal. En fin, quizás esto sea rebatido por algún experto en la materia y resulta que el pueblo romano no vivía tan de puta madre como nos dice Graves, lo único que puedo decir al respecto es que según un amigo, muy pajero de Roma, Graves no tiene patinazos históricos de consideración; yo lo único que puedo decir es que prefiero el pressing catch al circo romano y que no me molaría vivir en Roma, ni antes ni ahora, y que me tocase servir al ejército en campañas interminables por el Rhin, mejor ni hablar; la isla de Perejil debe ser un sitio algo mejor para mostrar el poderío militar de la nación que sea.






Una vez más ya os destripado el libro de nuevo, de hecho hasta os he contado el final, pero no importa, de hecho, no hace falta leerse el libro para conocer el final del mismo; no ya por que tengas algún tipo de inquietud hacia la Historia (bien por ti si es así), sino porque quizás hallas visto alguna película sobre el tema (que te den por culo, entonces) o hallas visto la famosa serie esa de la BBC (yo no he visto ni un puto capítulo, pero debe de ser famosa para que hasta un gañan iletrado en esos menesteres como el que esto suscribe, la conozca). Y no importa, porque aunque conozcas todos los entresijos y estructuras del funcionar del imperio romano en la época claudia, la sencilla y amena forma de contar el transcurrir de las intrigas palaciegas, las batallitas y las costumbres, aunque no son los más importantes para conocer el funcionamiento de una sociedad tan compleja como la romana, servirán para que pases un rato acojonantemente divertido, te santigües dos veces por el advenimiento del cristianismo, te cagues en la madre de Livia, Tiberio y Urgulania, te hagas una paja pensando en lo buenorras y guarrotas que debía de ser ciertas damas del alto linaje romano y hasta te entre hambre cuando leas los suculentos banquetes que se metían entre pecho y espalda nuestros amiguitos los romanos, aunque luego la mitad terminasen envenenados.

Pero sabéis lo mejor de todo…… pues que hay una segunda parte, que al igual que la primera se lee del tirón, es entretenida, contada de una forma sencilla y agradable, en definitiva igual de adictiva que la primera; así que ya están tardando en acudir a su puesto de la cuesta Mollano favorito y por un mísero euro tendrán más disfrute que comiendo una sopa castellana, un huevo frito con patatas y una pera de postre; más que nada, porque si tardan, en breve aquí estaré yo para joderos de nuevo y contaros el final de la segunda parte, aunque es un final muy conocido, me atrevería a decir que tan conocido como los finales del Trampa$-Far$a del furgol.

jueves, 6 de diciembre de 2012


“Los Cosacos”, Lev Tolstói

La lectura de este libro me provocó sentimientos encontrados. Me explico. Siendo yo un burdo iletrado (sic), la minuciosa descripción de los idílicos parajes del Cáucaso, de sus blancas montañas, y sus sencillos habitantes, se me antojaba tan interesante como el análisis de eventualidades, durante la cría del cangrejo bivalvo. Y en esto se pasa el bueno de Tolstói, durante gran parte de esta novela. Yo, esperaba encontrarme una novela, poco menos que de atroz acción bélica entre feroces pueblos se nutriera, sin embargo, aunque estas partes de acción también se encuentran en tímida y romántica medida, la verdadera lectura de la obra va más allá, tirando más hacia una síntesis del significado de la vida. En esta historia basada en vivencias del propio Tolstói, de cuando intentó escapar de la vida disoluta de su juventud, perdido por los vicios en el excitante y nobiliario Moscu, se intenta encontrar la búsqueda de la felicidad, el modo de llenar una existencia vacía mediante actos filantrópicos, reflexión introspectiva, y admiración y asimilación de la simplicidad y magnitud de la naturaleza.
Así parte el cadete Olenin, desde la capital rusa, rumbo a un lejano paraje fronterizo caucásico donde es destinado, dejando atrás toda esa vida de artificio e hipocresía, para encontrar la sencillez de la vida de unos embrutecidos, pero nobles guerreros, los cosacos, en continua bronca con los mezquinos y acechadores chechenos, por esos “quiteme allá esas pajas” territoriales de toda la vida, ya saben.. En toda historia tolstoiana que se precie, al parecer, encontramos una historia de amor, o más bien, un obscuro objeto del deseo y la obsesión con un final tirando a trágico. En este caso protagonizada por la joven Mariánushka, huidiza y misteriosa, a partes iguales, junto al aguerrido joven Lúkashka, apuesto y heroico cosaco local. Otros personajes se entremezclan, derrochando filosofía de lo cotidiano, disquisiciones etnográficas de la región, y costumbrismo, que dotan a la obra de un encantador, campechano, bucólico aroma, que pacifica y relaja el espíritu, cosa fina, oigan.
En resumen, una novela menor, que no profundiza, en demasía, en ese afán por el conocimiento de los misterios de la vida, pero resulta agradable de leer, dinámica. Un recomendable cuento para una lectura veraniega. O quizá un entremés, entre dos espesas obras de arduo contenido político-filosófico, como las que estamos hechos a leer, y algún día, cuando nos pille calientes, comentaremos en este blog.

Caruty 

lunes, 26 de noviembre de 2012



TARZÁN DE LOS MONOS: Edgard Rice Burroughs

Por todos es conocido el personaje creado por Burroughs (ojo!!! No es el tarado de la Beat Generation) pero personalmente no conocía a nadie que se hubiese leído la novela original, de donde surge el mito. Sí, el menda lerenda, fan irredento de la novela de aventuras, no había leído Tarzán.
De hecho, en mi ignorancia, pensaba que la famosa peli esa de Tarzán de Greystoke, con el inmortal de protagonista, era una adaptación de la novela (de hecho juraría que la vendían como tal). El caso es que la peli me gusto, era un alegato ecologista, anti-urbanita, sencillito, un film sin demasiadas pretensiones y si quieren ustedes también tópico y predecible, pero coño, me gusto; así que cuando videe la clásica edición del País Aventuras, con su correspondiente portada fea-abstracta-modernaka en una de las típicas estanterías con saldos de una de tantas librerías que conforman ese oasis conocido popularmente como la Cuesta de Moyano, no dude ni instante en comprarlo ipso-facto al irrisorio precio de un lauro.
Pero grande ha sido mi sorpresa, porque, desde luego, el libro se parece mucho más a las pelis de Weissmuller y cia (vamos, lo que todo el mundo conoce) que a la de Lambert, que aparte de los padres muertos, la violencia y los paisajes no tiene mucho más que ver, y sí con las clásicas del blanco y negro o por lo menos es lo que recuerdo de pequeñito cuando veía los ciclos de Tarzán en casa de mi querida abuela Justa: el puto león cabrón, el colega elefante, los negritos caníbales e hijoputas etc., etc.
Hay  mogollón más de detalles que difieren de la peli en cuestión, a mí me choco que en el libro los monos a excepción de la mama adoptiva de Tarzán aparecen como unos salvajes gilipollas sin ninguna sensibilidad, como si una panda de pokeros de barrio periférico se tratasen, al contrario que en el film donde los monos son peña de puta madre; excepto algún elemento díscolo, son majos, solidarios y hasta sabios.
Sin embargo, en el libro,  lo que me llamo la atención en un primer momento es que el mensaje del libro no  es otro que el vil darwinismo social!!! o lo que es lo mismo la aplicación de las ideas de Darwin sobre la evolución mediante la selección natural a países y razas.
Los ideólogos de esta teoría política venían a decir que había países o estados con razas dinámicas que se adaptaban mejor al medio ya que eran más trabajadoras, guapas y fuertes, por eso eran sociedades más evolucionadas y por lo tanto poderosas, mientras había otras que no, y por eso estaban subdesarrollados y atrasadas. Claro esta, el deber de los avanzados era conquistar y enseñar a los subdesarrollados, más que nada, por su bien. Se pueden imaginar que anglosajones y en menor medida los arios eran los pinzones de las Galápagos y el resto pues morralla que no había llegado a la meta de la evolución. Todo estas ideas estaban bastante extendidas en la época entre cierta intelectualidad burguesilla y algo de calado harían en el bueno de Edgar. De hecho el libro fue escrito en 1911, en el cenit del imperialismo europeo y al punto álgido en cuanto a prestigio y poder del Imperio Británico; ya sabéis: la sociedad victoriana, el rules britania, el dancing matilda y demás mierda flemática. Burroughs, como buen pijeras yanki, debía de estar obnubilado por la Pérfida Albión, como muchos de sus compatriotas, que incluso no dudaban en intentar emparentar a sus hijos o incluso ellos mismos con gente de la nobleza inglesa, aunque estos últimos fueran unos desgracias, arruinados y vividores, pero coño tener un título nobiliario para esa gente debía de ser la ostia, pues como por ejemplo podría ser para las pijillas de hoy en día follarse un torero de tres al cuarto si eres pija del PP/PSOE o acampar en el 15-M si eres pija del PSOE/IU, algo con un valor real igual al cero patatero pero que daba prestigio y solera entre sus amistades.
Todo esta fascinación por lo inglés en particular y por esa idea de que la civilización occidental es de puta madre y es la namber uan se ve reflejado constantemente en el libro, pero ojo, solo con las clases pudientes, la basura blanca sin posibles y por lo tanto sin cultura y educación (básicamente, marineros de todo tipo y condición)  son descritos en el libro como auténticos infrasers, malos-malosos, chusma que merece el mismo trato que las alimañas y lo más sangrante se les describe no solo como unos hijos de puta de tomo y lomo sino como más tontainas y zoquetes que cualquier bicho , y lo que es más grave, no solo los inglesuchos y zafios yankis pudientes aparecen como gente cojonuda a tope sino que los putos gabachos también son la rehostia, el culmen de la nobles cualidades que deben de estar presente en la auténtica y genuina raza humana; el resto no son más que cromañones destinados a desaparecer. Esto también vale para otras razas e incluso países, por ejemplo los negritos aparecen descritos no solo como uno sanguinarios caníbales sino sobretodo como unos tontainas del copón, a los que Tarzán se pasa buena parte del tiempo haciéndoles putadas y mangándoles de todo, pero tampoco los belgas y su famoso rey Leopoldo II salen muy bien parados (curiosamente en la peli el personaje que enseña a hablar a Tarzán es belga, en el libro francés) y tampoco nosotros, orgullosos españoles campeones del mundo en chorrecientas disciplinas deportivas. Todo esto es lo que me venía a la cabeza según iba leyendo el libro pero también es cierto que Burroughs va introduciendo matices y ambigüedades hasta llegar al final donde lo primero que nos lleva a la mente es un to be continued. Al final, uno no sabe que pensar, si realmente el libro es un hip-hip-hurra de los blanquitos y el occidente desarrollado, o una oda al primitivismo asocial. Probablemente Edgard, hombre de su tiempo como todos los hombres de todos los tiempos, lo único que pretendía es forrarse haciendo una buena novela de aventuras. Si eso es así consiguió las dos cosas.
Pero no voy a contaros el puñetero libro de cabo a rabo,  sino, como va a ser habitual, las cosas que más me han llamado la atención aunque no tengan la más mínima importancia en la trama principal:

-  La gente que lo flipa con las pelis de ostias y navajazos deberían de leer este libro en menos tiempo del que Steven Seagel desnuca a un narcotraficante. El libro es un continuo reguero de sangre debido a las constantes peleas de Tarzán con todo quisque. Un buen día se afostia con un gorila salvaje, al otro cose a puñaladas a un león, un rato después estrangula a un negro, al siguiente le toca el turno a un mono chungo de la manada. Y es que ríete tú de Rambo II y III cuando él solo se carga a la elite del ejercito ruso y vietnamita, aquí hay yoyas y sangre para hacer las delicias del más exigente seguidor del UFC, el MMA y demás morralla para pajilleros de la violencia más primaria. Eso sí, Tarzán siempre sale victorioso, pero no porque este cachas o tenga un cuchillo que te cagas sino porque es occidental, blanquito e inglés y por lo tanto muy inteligente (sip, en una pelea con un león lo importante es el cerebro) vamos que si Tarzán hubiese sido italiano o búlgaro no hubiese durado un telediario. Pero no solo Tarzán va sembrando cadáveres allá por donde va; también los negritos tonto-malvados hacen alguna de las suyas y finalmente ellos mismos son ajusticiados al modo clásico europeo, vamos que son machacados sin piedad a base de jarabe de plomo de forma cobarde y traidora por los putos gabachos.





Mi pelea favorita es la que tiene lugar con uno de los monos con el que Tarzán se lleva mal que la finiquita con una llave Nelson. Sí, efectivamente una llave de pressing catch!!!!, y encima gana porque el mono se rinde, VAAAAMOOOOOS!!!!, Edgard me ha ganado, ni kárate, ni boxeo, ni pollas, Tarzán gana las peleas con llaves de pressing, sí señor, esto demuestra que el wrestling es un deporte de verdad, imprescindible para la supervivencia en la jungla. El resto de cursos pagados de prácticas orientales para convertirse en asesino, caprichitos para pijos violentos.

- ¡¡¡¡¡Qué asco da la familia Porter!!!!. ¿Y quienes son esos?, dirán ustedes. Pues ni más ni menos que la archifamosa Jane, compañera sentimental de Tarzán, y el brasas de su padre. Por un lado el profesor Porter es un pedante de la ostia que va de sobrado porque se supone que es muy culto pero el muy gilipollas no hace más que meterse en líos y por extensión meter en esos líos a los demás. Pónganse en situación, sobrevivir en una selva tiene que ser jodido, en la que describe Burroughs donde los animales tienen siempre más hambre que el perro de un ciego, ni te cuento, pues imagínense allí con el clásico profesor que todos hemos sufrido, 50% chulo de mierda, 50% tontolaba que esta donde esta por enchufe. Pues lo más probable es que a las primeras de cambio nos hubiese papeado un león o matado a ostias un gorila. Pero estos, por suerte, tienen a Tarzán salvando vidas a destajo mientras quita otras, para dejar claro que la raza blanca manda y no tu banda, y que el ideal griego de cuerpo Danone en mente de rata de filmoteca nunca pasa de moda. Así vemos como Tarzán es más necesario para la expedición que Gasol para la selección y salvo la cuota obligatoria de anónimos buenos muertos (en este caso unos pocos gabachos de mierda) todo el mundo sale indemne, eso sí, a costa de dejar la selva como un solar.
Conociendo al padre, ya pueden ustedes imaginarse como será la joyita de la hija y si a esto les añado que encima es hija única, huérfana de madre y pija hasta decir GÉNOVA, pues eso, que uno esta deseando constantemente que se la meriende un león o que se la folle un gorila (cosas que están a punto de ocurrir sino es por el aguafiestas de siempre). La pedorra de Jane es una niña caprichosa, consentida; el tipo ejemplo de pija universal y atemporal. Primero anda enamoradilla de un caballero inglés que resulta ser primo de Tarzán, que por supuesto es un noble y esta forrado, pero claro, luego conoce a Tarzán y se pone cachondísima porque esta “tooo mazas” y mata a un mono a mojadas, así que pasa olímpicamente del inglesillo (que también es un repelente de cojones) y se lía con Tarzán;  podemos decir que así entra en la edad del pavo. Como no puede ser de otra manera, esta deja a Tarzán encoñado hasta las cejas y se pira a los USA a hacer pucheros porque echa de menos a su cachas sabrosón y porque el subnormal de su viejo se ha arruinado, y tendrá que casarse con un ricachón maloso para poder seguir manteniendo su tren de vida. Después de muchas peripecias el pobre Tarzán consigue llegar a la casa de su amada, le salva de un incendio, le soluciona el problema con el pretendiente maloso……y que recibe de premio???, el rechazo a su amor porque ahora resulta que se le ha pasado la edad del pavo, ha sentado la cabeza, y claro como va estar ella toda la puta vida entre lianas y monos, comiendo hierbajos y carne cruda con el Tarzán este, que es buen tío, pero es un inmaduro y claro debe pensar en su futuro, así que al final se compromete con el puto inglesillo, dejando a Tarzán con un palmo de narices. Al final lo único que vemos es que el “de los monos” es un tío de puta madre (y no les cuento porque), pero muy de puta madre, o eso, o que tras conocer Europa y América habrá visto a otras chicas arias, guapitas y de buena familia y se habrá dado cuenta que no merece la pena perder el tiempo con la niñata llorona esta.

En fin, muchas más les podría contar, pero ya me he enrollado demasiado, de hecho he mentido como un bellaco y prácticamente les he descrito todo el libro. Pero antes no puedo resistir dejar en el aire un pequeño interrogante: qué pasaría si Russian Red y el pelirrojo de la Habitación Roja tuviesen un hijo y en un accidente de avión cayesen en una playa de Torrevieja, muriendo vilmente los dos progenitores a manos de dos bakalas ciclados, siendo el hijo adoptado por una familia de chonis de Villaverde. ¿El hijo con el tiempo se convertiría en un payaso-frívolo-malasañero asiduo a la filmoteca?, o por el contrario, ¿entraría dentro del maravilloso mundo de las artes marciales, los coches tuneados, las modas ridículas y las colas de Kapital?. Si quieren saber la respuesta dejen de perder el tiempo y léanse el libro ya mismo.

viernes, 9 de noviembre de 2012



“Ferragus, Jefe De Los Devorantes”, Honoré De Balzac.

Baroja decía, en un diario personal que narra algunos de sus años en París, que no había grandes novelistas en el siglo XX, y jugaba, deleitado, a imaginar al estremecido público francés que leía Ferragus, Jefe de los Devorantes, en sus lúgubres casas, pobremente alumbradas con lámparas aceitosas, un siglo antes. Algo estremecedor, ni lo duden. Para él, el género moría, pues no se conseguía crear lo necesario para dotar a la novela del misterio necesario que atrapa lectores.

Melancólicas y peliculeras impresiones aparte, Balzac está reconocido como puntilloso narrador de escenas cotidianas, y buen conocedor del alma humana y sus más recónditos recovecos. Es, como cualquiera, producto de su tiempo. Nacido tras la Revolución, y criado durante el Primer Imperio, con el ínclito Napoleón a la cabeza de una Francia ofensiva, guerrera, que conoció valores más románticos, heroicos e idealistas, los cuales echaría de menos, en posteriores tiempos de Restauración borbónica. Todo esto hizo mella en la vasta obra de Honoré, y la dotó de una belleza de forma y fondo, de una riqueza descriptiva y análisis social, que le entroncan con los naturalistas franceses, y con Zola, su representante más ilustre.

Primeramente, referir que esta novela es la primera parte de una trilogía llamada La Historia de los Trece”, junto con La Muchacha de los Ojos de Oro, y La Duquesa de Langeais. Es una obra breve, escrita en torno a 1830, que rebosa de amor profundo (y enfermizo, porque no decirlo) y palpitante, con unas amplias dosis de intriga.
Uno de los mayores puntos del libro es, sin duda, la capacidad de descripción que el autor tiene para presentar la ciudad de París al lector. Una ciudad analizada, a través de sus calles, sus edificios, su iluminación, y la condición de su gente, que sirve así mismo, como una soterrada crítica social, puesto que involucra tanto al burgués, como al cortesano, al estudiante como al burócrata. Aquí, Balzac, se recrea en desentrañar sus propias visiones de ese periodo histórico que atañe a Francia, desde la caída del “absolutismo” (1789) a la citada Restauración, con duras palabras para una sociedad sometida a unos cambios radicales, en corto espacio de tiempo.

Auguste de Maulincour, joven oficial de la Guardia Real, apasionado amante, sensible en extremo, y perseguidor infatigable de un amor puro, e inocente, se topa de bruces con una trama, que a todas luces le viene grande, tras los oscuros y equívocos pasos de Madame Clémence Jules, una delicada dama de la burguesía, sin pasado aparente, pero con un presente bien solidificado en brazos de su marido, Monsieur Jules Desmarets. Un matrimonio feliz, cuya existencia y razón de ser, es también pormenorizado por el autor con un deleite similar, a la disección que hace de las capacidades amatorias femeninas, y de las que salen levemente bien paradas, dicho sea de paso.
En todo esto, se mezcla un tipo misterioso, Ferragus. Procedente de oscuras y místicas sociedades secretas, manipulador extravagante, ilusionista de lo ambiguo, que se mueve como un fantasma por esas calles atiborradas de claroscuros. La imprudencia del militar precipita una cascada de hechos, imposible de frenar y que salpican a un leve elenco de personajes secundarios que desarrollan, a la vez, un retrato filosófico del pensamiento de la época.
Un final apocalíptico, impresionante, como una tormenta encerrado tras las grandes vidrieras góticas de la mismísima Notre-Dame, hacen de este libro una lectura muy recomendable.

Aún al final de la novela, hay espacio para la crítica mordaz e indeterminada, que tan bien sabe colocar el autor, entre el desarrollo de la acción:
“La legalidad constitucional y administrativa no da a luz nada; es un monstruo infecundo para los pueblos, los reyes, y para los intereses privados; pero los pueblos solo saben deletrear los principios escritos con sangre; ahora bien, las desgracias de la legalidad serán siempre pacificas. Aplastan a la nación, eso es todo.”

Pierre Caruty