viernes, 22 de febrero de 2013


Años Inolvidables (1966), John Dos Passos.

Últimamente me está apeteciendo mucho leer libros donde pueda encontrar impresiones sobre España, sea cual sea la época, desde la óptica de un extranjero. Dicho sea de paso, estoy abierto a sugerencias, a través del apartado llamado “comentarios”.
Con este reclamo empecé a leer esta obra. El autor, americano y desconocido hasta ahora para mí, poseedor de una amistad con Hemingway que tuvo un final agridulce, llevó una juventud rebelde y hasta contestataria, participando, entre otras causas, en defensa de los injustamente condenados Sacco y Vanzetti,  pero que sin embargo, llegó a una madurez más bien escéptica, y hasta reaccionaria, desengañado por los múltiples fracasos que atesoraron las izquierdas en Europa, principalmente.
Lo cierto es, que lejos de profundizar en opiniones muy rebuscadas en relación a lo que a nuestra piel de toro de refiere (hasta hay una errata, señalada por el traductor, retrasando, nada menos que un mes, la fiesta en honor al célebre patrón de Pamplona) si se dan buenas pinceladas acerca de la idiosincrasia más costumbrista de nuestros compatriotas de la época (años 20-30 del s.XX), narrando algunas peripecias de la mano de Unamuno o Machado, por ejemplo, o algún interesante pasaje de nuestra historia, como la salida del trono de Alfonso XIII, y el ambiente que se respiraba en las calles de Madrid.  
El libro es, en realidad, como su propio título sugiere, una bucólica rememoración de acontecimientos sucedidos al propio autor, al menos, una treintena de años antes de la materialización de este trabajo, con todo lo que ello conlleva: una (probable) deformación de la realidad, aderezada con nostalgia de abuelo que busca congraciarse con el pasado, rebuscando en el baúl de los recuerdos, otro tiempo que siempre fue mejor. ¡Y vaya si lo fue!  Que envidia da el ritmo viajero que debió llevar este señor.
Empezando por su confusa militancia pacifista, como camillero por la Francia e Italia de la I Guerra Mundial, hasta peregrinas excursiones por Oriente Medio, travesías transdesérticas incluidas, sobornando árabes convulsos y conspiradores, y oyendo “la cadencia del rezo musulmán”, y sin evitar pasar de puntillas por la Rusia post-revolucionaria, donde Stalin empezaba a hacerse fuerte, y él relata someramente, pros y contra de la política soviética. Entre viaje y viaje, aparte de escribir libros para ganarse el sustento, pasaba cómodas y ociosas estancias en Nueva York, o en un lugar de recreo llamado Key West, en la península de Florida, donde alternaba con un abrumador exceso de personajes, de la farándula, la literatura, el arte o la política, irrelevantes en su mayoría. Si, amigos. Tantas presentaciones precipitadas, ahogan al más pintado (lector).
En este último lugar de recogimiento es donde más se acerca, y paradójicamente más se aleja, de Hemingway, con quién comparte aventuras pesqueras. También goza de otras, más bien ludico-gastronómicas en nuestro país. Este es el segundo reclamo oficial del libro, al parecer, y lo que suscita unas reflexiones personales, las únicas prácticamente, del autor, que fueron las que me animaron a mí a hacer este comentario sobre el libro, que en un principio no contemplaba.
En definitiva, un libro bien interesante en lo que a relatos maravillosos se refiere, por la riqueza, el realismo, y el ritmo del autor, y que me ha motivado algunos buenos intereses personales, así como un conocimiento bastante general acerca de lo que vende la editorial que trata el libro.   

viernes, 18 de enero de 2013

Yo, Claudio


YO, CLAUDIO.

Según he visto en algún programa de televisión parece ser que la novela histórica esta de moda, no tenía ni puta idea, ando algo despistado de lo que se lleva o no se lleva en la narrativa actual, así que no voy a hablar de ninguna de esas magnas obras que se suponen que venden a paletadas, pero sin embargo sí que voy a hablar de una de las más grandes novelas o por lo menos entretenidas, que no es poco, que han sido en el terreno de la novela histórica que no es otra que el clásico de Robert Graves, Yo, Claudio.

Este Claudio fue uno de los emperadores más peculiares de la agitada y turbulenta historia del Imperio Romano. Un tartaja enfermizo, al que a pesar de tener una notable inteligencia, todo el mundo le tomaba por idiota, no solo por su tartamudez sino porque parece ser que era más feo que el demonio, por lo cual era despreciado, maltratado e ignorado por prácticamente todo el mundo. Muchos de los que le aprecian simplemente lo hacen por lástima más que porque entreven alguna cualidad positiva valida para la res política, y precisamente gracias a ello, a que todo el mundo le consideraba como un guiñapo mediocre inofensivo, consigue sobrevivir a la locura que fueron los reinados de Augusto, Tiberio y Calígula  y sobretodo sobrevivir a la fría y cruel Livia, su abuela, esposa de Octavio Augusto, auténtica ejecutora a la sombra de la acción del poder en esta primeriza etapa del imperio romano. Y es que a pesar del título, y a pesar de que se nos informa de las idas y venidas de la vida de Claudio, el libro más que una supuesta autobiografía es una retrato de la época, más concretamente de la vida política y social de las clases dirigentes de Roma, que según el autor, se nos muestra como una vida peligrosa debido a la falta de moral y remordimientos donde el pragmatismo y el acceso al poder es el leif motive de todas estas gentes, representada especialmente en la gigantesca, brillante y maligna figura de Livia. Una época donde la gente honesta, recta y bondadosa esta condenada a una muerte seguro, al igual que los pérfidos y crueles, pero muerte a la que el tonto de Claudio consigue escapar hasta convertirse él mismo en Emperador, cargo que paradójicamente ni quería detentar, ya que era un nostálgico de la República.
Es curioso señalar que a pesar de todos los asesinatos, intrigas y tramas, estas solo afectaron a la minoría privilegiada romana, sin que esto trastocara el buen vivir del pueblo, quien según el autor paso por una edad dorada en cuanto a nivel de vida se refiere; ya podía pasar aquí lo mismo, sería la ostia ver como Leire Pajín envenena a Ana Botella mientras les sirve un buen rioja al borracho de su marido, y esta a su vez es cruelmente sodomizado por un efebo de las nuevas generaciones al servicio de una de las ángeles de Mariano como por ejemplo Cospedal. En fin, quizás esto sea rebatido por algún experto en la materia y resulta que el pueblo romano no vivía tan de puta madre como nos dice Graves, lo único que puedo decir al respecto es que según un amigo, muy pajero de Roma, Graves no tiene patinazos históricos de consideración; yo lo único que puedo decir es que prefiero el pressing catch al circo romano y que no me molaría vivir en Roma, ni antes ni ahora, y que me tocase servir al ejército en campañas interminables por el Rhin, mejor ni hablar; la isla de Perejil debe ser un sitio algo mejor para mostrar el poderío militar de la nación que sea.






Una vez más ya os destripado el libro de nuevo, de hecho hasta os he contado el final, pero no importa, de hecho, no hace falta leerse el libro para conocer el final del mismo; no ya por que tengas algún tipo de inquietud hacia la Historia (bien por ti si es así), sino porque quizás hallas visto alguna película sobre el tema (que te den por culo, entonces) o hallas visto la famosa serie esa de la BBC (yo no he visto ni un puto capítulo, pero debe de ser famosa para que hasta un gañan iletrado en esos menesteres como el que esto suscribe, la conozca). Y no importa, porque aunque conozcas todos los entresijos y estructuras del funcionar del imperio romano en la época claudia, la sencilla y amena forma de contar el transcurrir de las intrigas palaciegas, las batallitas y las costumbres, aunque no son los más importantes para conocer el funcionamiento de una sociedad tan compleja como la romana, servirán para que pases un rato acojonantemente divertido, te santigües dos veces por el advenimiento del cristianismo, te cagues en la madre de Livia, Tiberio y Urgulania, te hagas una paja pensando en lo buenorras y guarrotas que debía de ser ciertas damas del alto linaje romano y hasta te entre hambre cuando leas los suculentos banquetes que se metían entre pecho y espalda nuestros amiguitos los romanos, aunque luego la mitad terminasen envenenados.

Pero sabéis lo mejor de todo…… pues que hay una segunda parte, que al igual que la primera se lee del tirón, es entretenida, contada de una forma sencilla y agradable, en definitiva igual de adictiva que la primera; así que ya están tardando en acudir a su puesto de la cuesta Mollano favorito y por un mísero euro tendrán más disfrute que comiendo una sopa castellana, un huevo frito con patatas y una pera de postre; más que nada, porque si tardan, en breve aquí estaré yo para joderos de nuevo y contaros el final de la segunda parte, aunque es un final muy conocido, me atrevería a decir que tan conocido como los finales del Trampa$-Far$a del furgol.

jueves, 6 de diciembre de 2012


“Los Cosacos”, Lev Tolstói

La lectura de este libro me provocó sentimientos encontrados. Me explico. Siendo yo un burdo iletrado (sic), la minuciosa descripción de los idílicos parajes del Cáucaso, de sus blancas montañas, y sus sencillos habitantes, se me antojaba tan interesante como el análisis de eventualidades, durante la cría del cangrejo bivalvo. Y en esto se pasa el bueno de Tolstói, durante gran parte de esta novela. Yo, esperaba encontrarme una novela, poco menos que de atroz acción bélica entre feroces pueblos se nutriera, sin embargo, aunque estas partes de acción también se encuentran en tímida y romántica medida, la verdadera lectura de la obra va más allá, tirando más hacia una síntesis del significado de la vida. En esta historia basada en vivencias del propio Tolstói, de cuando intentó escapar de la vida disoluta de su juventud, perdido por los vicios en el excitante y nobiliario Moscu, se intenta encontrar la búsqueda de la felicidad, el modo de llenar una existencia vacía mediante actos filantrópicos, reflexión introspectiva, y admiración y asimilación de la simplicidad y magnitud de la naturaleza.
Así parte el cadete Olenin, desde la capital rusa, rumbo a un lejano paraje fronterizo caucásico donde es destinado, dejando atrás toda esa vida de artificio e hipocresía, para encontrar la sencillez de la vida de unos embrutecidos, pero nobles guerreros, los cosacos, en continua bronca con los mezquinos y acechadores chechenos, por esos “quiteme allá esas pajas” territoriales de toda la vida, ya saben.. En toda historia tolstoiana que se precie, al parecer, encontramos una historia de amor, o más bien, un obscuro objeto del deseo y la obsesión con un final tirando a trágico. En este caso protagonizada por la joven Mariánushka, huidiza y misteriosa, a partes iguales, junto al aguerrido joven Lúkashka, apuesto y heroico cosaco local. Otros personajes se entremezclan, derrochando filosofía de lo cotidiano, disquisiciones etnográficas de la región, y costumbrismo, que dotan a la obra de un encantador, campechano, bucólico aroma, que pacifica y relaja el espíritu, cosa fina, oigan.
En resumen, una novela menor, que no profundiza, en demasía, en ese afán por el conocimiento de los misterios de la vida, pero resulta agradable de leer, dinámica. Un recomendable cuento para una lectura veraniega. O quizá un entremés, entre dos espesas obras de arduo contenido político-filosófico, como las que estamos hechos a leer, y algún día, cuando nos pille calientes, comentaremos en este blog.

Caruty 

lunes, 26 de noviembre de 2012



TARZÁN DE LOS MONOS: Edgard Rice Burroughs

Por todos es conocido el personaje creado por Burroughs (ojo!!! No es el tarado de la Beat Generation) pero personalmente no conocía a nadie que se hubiese leído la novela original, de donde surge el mito. Sí, el menda lerenda, fan irredento de la novela de aventuras, no había leído Tarzán.
De hecho, en mi ignorancia, pensaba que la famosa peli esa de Tarzán de Greystoke, con el inmortal de protagonista, era una adaptación de la novela (de hecho juraría que la vendían como tal). El caso es que la peli me gusto, era un alegato ecologista, anti-urbanita, sencillito, un film sin demasiadas pretensiones y si quieren ustedes también tópico y predecible, pero coño, me gusto; así que cuando videe la clásica edición del País Aventuras, con su correspondiente portada fea-abstracta-modernaka en una de las típicas estanterías con saldos de una de tantas librerías que conforman ese oasis conocido popularmente como la Cuesta de Moyano, no dude ni instante en comprarlo ipso-facto al irrisorio precio de un lauro.
Pero grande ha sido mi sorpresa, porque, desde luego, el libro se parece mucho más a las pelis de Weissmuller y cia (vamos, lo que todo el mundo conoce) que a la de Lambert, que aparte de los padres muertos, la violencia y los paisajes no tiene mucho más que ver, y sí con las clásicas del blanco y negro o por lo menos es lo que recuerdo de pequeñito cuando veía los ciclos de Tarzán en casa de mi querida abuela Justa: el puto león cabrón, el colega elefante, los negritos caníbales e hijoputas etc., etc.
Hay  mogollón más de detalles que difieren de la peli en cuestión, a mí me choco que en el libro los monos a excepción de la mama adoptiva de Tarzán aparecen como unos salvajes gilipollas sin ninguna sensibilidad, como si una panda de pokeros de barrio periférico se tratasen, al contrario que en el film donde los monos son peña de puta madre; excepto algún elemento díscolo, son majos, solidarios y hasta sabios.
Sin embargo, en el libro,  lo que me llamo la atención en un primer momento es que el mensaje del libro no  es otro que el vil darwinismo social!!! o lo que es lo mismo la aplicación de las ideas de Darwin sobre la evolución mediante la selección natural a países y razas.
Los ideólogos de esta teoría política venían a decir que había países o estados con razas dinámicas que se adaptaban mejor al medio ya que eran más trabajadoras, guapas y fuertes, por eso eran sociedades más evolucionadas y por lo tanto poderosas, mientras había otras que no, y por eso estaban subdesarrollados y atrasadas. Claro esta, el deber de los avanzados era conquistar y enseñar a los subdesarrollados, más que nada, por su bien. Se pueden imaginar que anglosajones y en menor medida los arios eran los pinzones de las Galápagos y el resto pues morralla que no había llegado a la meta de la evolución. Todo estas ideas estaban bastante extendidas en la época entre cierta intelectualidad burguesilla y algo de calado harían en el bueno de Edgar. De hecho el libro fue escrito en 1911, en el cenit del imperialismo europeo y al punto álgido en cuanto a prestigio y poder del Imperio Británico; ya sabéis: la sociedad victoriana, el rules britania, el dancing matilda y demás mierda flemática. Burroughs, como buen pijeras yanki, debía de estar obnubilado por la Pérfida Albión, como muchos de sus compatriotas, que incluso no dudaban en intentar emparentar a sus hijos o incluso ellos mismos con gente de la nobleza inglesa, aunque estos últimos fueran unos desgracias, arruinados y vividores, pero coño tener un título nobiliario para esa gente debía de ser la ostia, pues como por ejemplo podría ser para las pijillas de hoy en día follarse un torero de tres al cuarto si eres pija del PP/PSOE o acampar en el 15-M si eres pija del PSOE/IU, algo con un valor real igual al cero patatero pero que daba prestigio y solera entre sus amistades.
Todo esta fascinación por lo inglés en particular y por esa idea de que la civilización occidental es de puta madre y es la namber uan se ve reflejado constantemente en el libro, pero ojo, solo con las clases pudientes, la basura blanca sin posibles y por lo tanto sin cultura y educación (básicamente, marineros de todo tipo y condición)  son descritos en el libro como auténticos infrasers, malos-malosos, chusma que merece el mismo trato que las alimañas y lo más sangrante se les describe no solo como unos hijos de puta de tomo y lomo sino como más tontainas y zoquetes que cualquier bicho , y lo que es más grave, no solo los inglesuchos y zafios yankis pudientes aparecen como gente cojonuda a tope sino que los putos gabachos también son la rehostia, el culmen de la nobles cualidades que deben de estar presente en la auténtica y genuina raza humana; el resto no son más que cromañones destinados a desaparecer. Esto también vale para otras razas e incluso países, por ejemplo los negritos aparecen descritos no solo como uno sanguinarios caníbales sino sobretodo como unos tontainas del copón, a los que Tarzán se pasa buena parte del tiempo haciéndoles putadas y mangándoles de todo, pero tampoco los belgas y su famoso rey Leopoldo II salen muy bien parados (curiosamente en la peli el personaje que enseña a hablar a Tarzán es belga, en el libro francés) y tampoco nosotros, orgullosos españoles campeones del mundo en chorrecientas disciplinas deportivas. Todo esto es lo que me venía a la cabeza según iba leyendo el libro pero también es cierto que Burroughs va introduciendo matices y ambigüedades hasta llegar al final donde lo primero que nos lleva a la mente es un to be continued. Al final, uno no sabe que pensar, si realmente el libro es un hip-hip-hurra de los blanquitos y el occidente desarrollado, o una oda al primitivismo asocial. Probablemente Edgard, hombre de su tiempo como todos los hombres de todos los tiempos, lo único que pretendía es forrarse haciendo una buena novela de aventuras. Si eso es así consiguió las dos cosas.
Pero no voy a contaros el puñetero libro de cabo a rabo,  sino, como va a ser habitual, las cosas que más me han llamado la atención aunque no tengan la más mínima importancia en la trama principal:

-  La gente que lo flipa con las pelis de ostias y navajazos deberían de leer este libro en menos tiempo del que Steven Seagel desnuca a un narcotraficante. El libro es un continuo reguero de sangre debido a las constantes peleas de Tarzán con todo quisque. Un buen día se afostia con un gorila salvaje, al otro cose a puñaladas a un león, un rato después estrangula a un negro, al siguiente le toca el turno a un mono chungo de la manada. Y es que ríete tú de Rambo II y III cuando él solo se carga a la elite del ejercito ruso y vietnamita, aquí hay yoyas y sangre para hacer las delicias del más exigente seguidor del UFC, el MMA y demás morralla para pajilleros de la violencia más primaria. Eso sí, Tarzán siempre sale victorioso, pero no porque este cachas o tenga un cuchillo que te cagas sino porque es occidental, blanquito e inglés y por lo tanto muy inteligente (sip, en una pelea con un león lo importante es el cerebro) vamos que si Tarzán hubiese sido italiano o búlgaro no hubiese durado un telediario. Pero no solo Tarzán va sembrando cadáveres allá por donde va; también los negritos tonto-malvados hacen alguna de las suyas y finalmente ellos mismos son ajusticiados al modo clásico europeo, vamos que son machacados sin piedad a base de jarabe de plomo de forma cobarde y traidora por los putos gabachos.





Mi pelea favorita es la que tiene lugar con uno de los monos con el que Tarzán se lleva mal que la finiquita con una llave Nelson. Sí, efectivamente una llave de pressing catch!!!!, y encima gana porque el mono se rinde, VAAAAMOOOOOS!!!!, Edgard me ha ganado, ni kárate, ni boxeo, ni pollas, Tarzán gana las peleas con llaves de pressing, sí señor, esto demuestra que el wrestling es un deporte de verdad, imprescindible para la supervivencia en la jungla. El resto de cursos pagados de prácticas orientales para convertirse en asesino, caprichitos para pijos violentos.

- ¡¡¡¡¡Qué asco da la familia Porter!!!!. ¿Y quienes son esos?, dirán ustedes. Pues ni más ni menos que la archifamosa Jane, compañera sentimental de Tarzán, y el brasas de su padre. Por un lado el profesor Porter es un pedante de la ostia que va de sobrado porque se supone que es muy culto pero el muy gilipollas no hace más que meterse en líos y por extensión meter en esos líos a los demás. Pónganse en situación, sobrevivir en una selva tiene que ser jodido, en la que describe Burroughs donde los animales tienen siempre más hambre que el perro de un ciego, ni te cuento, pues imagínense allí con el clásico profesor que todos hemos sufrido, 50% chulo de mierda, 50% tontolaba que esta donde esta por enchufe. Pues lo más probable es que a las primeras de cambio nos hubiese papeado un león o matado a ostias un gorila. Pero estos, por suerte, tienen a Tarzán salvando vidas a destajo mientras quita otras, para dejar claro que la raza blanca manda y no tu banda, y que el ideal griego de cuerpo Danone en mente de rata de filmoteca nunca pasa de moda. Así vemos como Tarzán es más necesario para la expedición que Gasol para la selección y salvo la cuota obligatoria de anónimos buenos muertos (en este caso unos pocos gabachos de mierda) todo el mundo sale indemne, eso sí, a costa de dejar la selva como un solar.
Conociendo al padre, ya pueden ustedes imaginarse como será la joyita de la hija y si a esto les añado que encima es hija única, huérfana de madre y pija hasta decir GÉNOVA, pues eso, que uno esta deseando constantemente que se la meriende un león o que se la folle un gorila (cosas que están a punto de ocurrir sino es por el aguafiestas de siempre). La pedorra de Jane es una niña caprichosa, consentida; el tipo ejemplo de pija universal y atemporal. Primero anda enamoradilla de un caballero inglés que resulta ser primo de Tarzán, que por supuesto es un noble y esta forrado, pero claro, luego conoce a Tarzán y se pone cachondísima porque esta “tooo mazas” y mata a un mono a mojadas, así que pasa olímpicamente del inglesillo (que también es un repelente de cojones) y se lía con Tarzán;  podemos decir que así entra en la edad del pavo. Como no puede ser de otra manera, esta deja a Tarzán encoñado hasta las cejas y se pira a los USA a hacer pucheros porque echa de menos a su cachas sabrosón y porque el subnormal de su viejo se ha arruinado, y tendrá que casarse con un ricachón maloso para poder seguir manteniendo su tren de vida. Después de muchas peripecias el pobre Tarzán consigue llegar a la casa de su amada, le salva de un incendio, le soluciona el problema con el pretendiente maloso……y que recibe de premio???, el rechazo a su amor porque ahora resulta que se le ha pasado la edad del pavo, ha sentado la cabeza, y claro como va estar ella toda la puta vida entre lianas y monos, comiendo hierbajos y carne cruda con el Tarzán este, que es buen tío, pero es un inmaduro y claro debe pensar en su futuro, así que al final se compromete con el puto inglesillo, dejando a Tarzán con un palmo de narices. Al final lo único que vemos es que el “de los monos” es un tío de puta madre (y no les cuento porque), pero muy de puta madre, o eso, o que tras conocer Europa y América habrá visto a otras chicas arias, guapitas y de buena familia y se habrá dado cuenta que no merece la pena perder el tiempo con la niñata llorona esta.

En fin, muchas más les podría contar, pero ya me he enrollado demasiado, de hecho he mentido como un bellaco y prácticamente les he descrito todo el libro. Pero antes no puedo resistir dejar en el aire un pequeño interrogante: qué pasaría si Russian Red y el pelirrojo de la Habitación Roja tuviesen un hijo y en un accidente de avión cayesen en una playa de Torrevieja, muriendo vilmente los dos progenitores a manos de dos bakalas ciclados, siendo el hijo adoptado por una familia de chonis de Villaverde. ¿El hijo con el tiempo se convertiría en un payaso-frívolo-malasañero asiduo a la filmoteca?, o por el contrario, ¿entraría dentro del maravilloso mundo de las artes marciales, los coches tuneados, las modas ridículas y las colas de Kapital?. Si quieren saber la respuesta dejen de perder el tiempo y léanse el libro ya mismo.

viernes, 9 de noviembre de 2012



“Ferragus, Jefe De Los Devorantes”, Honoré De Balzac.

Baroja decía, en un diario personal que narra algunos de sus años en París, que no había grandes novelistas en el siglo XX, y jugaba, deleitado, a imaginar al estremecido público francés que leía Ferragus, Jefe de los Devorantes, en sus lúgubres casas, pobremente alumbradas con lámparas aceitosas, un siglo antes. Algo estremecedor, ni lo duden. Para él, el género moría, pues no se conseguía crear lo necesario para dotar a la novela del misterio necesario que atrapa lectores.

Melancólicas y peliculeras impresiones aparte, Balzac está reconocido como puntilloso narrador de escenas cotidianas, y buen conocedor del alma humana y sus más recónditos recovecos. Es, como cualquiera, producto de su tiempo. Nacido tras la Revolución, y criado durante el Primer Imperio, con el ínclito Napoleón a la cabeza de una Francia ofensiva, guerrera, que conoció valores más románticos, heroicos e idealistas, los cuales echaría de menos, en posteriores tiempos de Restauración borbónica. Todo esto hizo mella en la vasta obra de Honoré, y la dotó de una belleza de forma y fondo, de una riqueza descriptiva y análisis social, que le entroncan con los naturalistas franceses, y con Zola, su representante más ilustre.

Primeramente, referir que esta novela es la primera parte de una trilogía llamada La Historia de los Trece”, junto con La Muchacha de los Ojos de Oro, y La Duquesa de Langeais. Es una obra breve, escrita en torno a 1830, que rebosa de amor profundo (y enfermizo, porque no decirlo) y palpitante, con unas amplias dosis de intriga.
Uno de los mayores puntos del libro es, sin duda, la capacidad de descripción que el autor tiene para presentar la ciudad de París al lector. Una ciudad analizada, a través de sus calles, sus edificios, su iluminación, y la condición de su gente, que sirve así mismo, como una soterrada crítica social, puesto que involucra tanto al burgués, como al cortesano, al estudiante como al burócrata. Aquí, Balzac, se recrea en desentrañar sus propias visiones de ese periodo histórico que atañe a Francia, desde la caída del “absolutismo” (1789) a la citada Restauración, con duras palabras para una sociedad sometida a unos cambios radicales, en corto espacio de tiempo.

Auguste de Maulincour, joven oficial de la Guardia Real, apasionado amante, sensible en extremo, y perseguidor infatigable de un amor puro, e inocente, se topa de bruces con una trama, que a todas luces le viene grande, tras los oscuros y equívocos pasos de Madame Clémence Jules, una delicada dama de la burguesía, sin pasado aparente, pero con un presente bien solidificado en brazos de su marido, Monsieur Jules Desmarets. Un matrimonio feliz, cuya existencia y razón de ser, es también pormenorizado por el autor con un deleite similar, a la disección que hace de las capacidades amatorias femeninas, y de las que salen levemente bien paradas, dicho sea de paso.
En todo esto, se mezcla un tipo misterioso, Ferragus. Procedente de oscuras y místicas sociedades secretas, manipulador extravagante, ilusionista de lo ambiguo, que se mueve como un fantasma por esas calles atiborradas de claroscuros. La imprudencia del militar precipita una cascada de hechos, imposible de frenar y que salpican a un leve elenco de personajes secundarios que desarrollan, a la vez, un retrato filosófico del pensamiento de la época.
Un final apocalíptico, impresionante, como una tormenta encerrado tras las grandes vidrieras góticas de la mismísima Notre-Dame, hacen de este libro una lectura muy recomendable.

Aún al final de la novela, hay espacio para la crítica mordaz e indeterminada, que tan bien sabe colocar el autor, entre el desarrollo de la acción:
“La legalidad constitucional y administrativa no da a luz nada; es un monstruo infecundo para los pueblos, los reyes, y para los intereses privados; pero los pueblos solo saben deletrear los principios escritos con sangre; ahora bien, las desgracias de la legalidad serán siempre pacificas. Aplastan a la nación, eso es todo.”

Pierre Caruty

jueves, 1 de noviembre de 2012

MICHAEL JORDAN: “El rey del juego”


MICHAEL JORDAN: “El rey del juego”

Como os podéis imaginar, este libro se trata de la biografía del más famoso baloncestista  (y casi deportista) y para muchos el mejor. No comparto esta afirmación de una manera tan tajante, pero siempre me ha atraído el carácter de este jugador con fama de ser un tarado ultracompetitivo y he sentido curiosidad por su trayectoria vital y deportiva, que seguro que estaba repleta de anécdotas a medio camino entre lo chusco y lo heroico.  Además sabiendo que el autor era el forero de ACB.com conocido como MEEJ, una auténtica enciclopedia andante del basket yankee y que por si fuera poco goza de un sano sentido del humor y una capacidad innata para desarrollar finas ironías, tuve claro que me tenía que hacer con este libro en cuanto fuese posible.
Me congratula anunciar que no me ha decepcionado en casi nada, si acaso se echa de menos la acidez de la que de vez en cuando hace gala el autor en mi foro amigo; todo lo demás son parabienes. El libro esta escrito de una forma sencilla y dinámica por lo cual se lee del tirón, y abarca desde el mismo nacimiento del amigo Michael hasta el breve epílogo cuando se convierte en el mandamás de los Charlotte Bobcats, vamos que más completo no puede ser.

Así vemos pasar la vida del colega Jordan jalonada de triunfos deportivos, algún que otro fracaso, la muerte de su viejo, su primera retirada, la locurita del baseball, su vuelta y éxitos made in América, etc, etc. Pero sin lugar dudas, como he dicho antes, lo más atractivo son los innumerables episodios derivados de su carácter ganador e infantil.
No me puedo resistir a contar varios ejemplos frescos aún en mi memoria:

-         El pequeño Michael parece ser que era un chaval un tanto tímido y un auténtico inútil en lo que a los trabajos manuales se refiere, hasta tal punto que prefería lavar los platos con sus hermanas que estar con la caja de herramientas para machotes con sus hermanos. Esto le granjeo el desprecio de su progenitor pero pronto recupero su respeto y desterró su timidez cuando empezó a destacar en el deporte; y vaya, me cagoentodo, que injusta es la vida en la sociedad capitalista y ya, en yankilandia, ni te cuento. Eso de que todos somos iguales y con esfuerzo llegaremos a donde queramos es una puta patraña de mierda. Me explico: servidor de ustedes también era un auténtico patán con la llave inglesa y el destornillador, la verdad es que mi padre nunca me despreció por ello, pero aún así yo me volqué en el baloncesto (en mi caso para emular a Larry Bird y a Vicente Gil, no a Jordan, claro) para demostrar mi virilidad, ya que con el martillo no podía, pero hete aquí que desde luego no era un cachas saltarín de 2 metros, y bueno, esta mal decirlo, pero tampoco era negro y si lo hubiese sido creo que me hubiera dedicado a emular a Otis Redding o Jackie Wilson, que al fin y al cabo un blanco puede jugar bien al baloncesto, pero cantar Soul, no se yo. El caso es que por mucho que entrenará, jugará e hiciera el canelo con los balones medicinales me tuve que joder, y termine abandonando la práctica deportiva para dedicarme a beber cerveza y escuchar a los Sex Pistols, algo que afortunadamente esta al alcance de todos y que esta bastante bien, pero no me sirvió para ligar en la Universidad como si le paso a Michael, aunque bueno seguro que MJ si en vez de ir a North Carolina, hubiese ido a la UAM no hubiera ni llegado a la liga LEB ya que habría terminado con una camiseta de Extremoduro, con rastas y enganchado al hachís, aparte de dejar preñada a una jipi en la famosa fiesta de primavera de Cantoblanco.

-         Mis conocidos saben que soy superior a ellos en cualquier deporte (sí, mis conocidos y amigos son unos flojeras, y yo… un fantasma) excepto en uno, la puta natación. Desde mi más tierna infancia lo he intentado pero no ha habido manera, nado igual que un hámster en una bañera, pero curiosamente en eso a Michael Jordan le gano; el pobre parece ser que tiene auténtico pavor al mar y apenas sabe nadar. Curioso, uno de los deportistas más sobresalientes de la Historia es un patán en el agua hasta tal punto que una jubilada del barrio de Ascao podría ganarle en una carrera. En el libro se dice que Jordan tuvo una experiencia traumática pero también se dejan entrever los claro-oscuros de la historia, ya que no se sabe a ciencia cierta si fue una novia o un amigo quien coño se ahogó en el mar. Así que no sabemos que pensar, si de verdad Michael tuvo esta desgraciada experiencia, o que una vez más su carácter infantil y competitivo le impide reconocer que es un patán para esto de la natación, que tiene fobia a cualquier agua que no salga de la ducha y por eso se invento esa truculenta historia del amigo/novia arrastrado/a por las olas.
-         Otra anécdota que me hizo gracia fue la historia de que su hermana era una empollona del copón hasta tal punto que se graduó en la High School un año antes de lo que le tocaba. M. J. se pico e inició una absurda competición con su hermana a ver quien sacaba mejores notas, con lo cual nuestro amigo empezó a sacar notazas a casco porro, eso sí, no consiguió superar a su hermana, a quien imaginamos cuerda y consecuentemente le importaría un ovario las gilipolleces de su “Broddahh”. Ya me puedo imaginar al joven Michael encerrado en su casa, al estilo Cosas de Casa, empollando como un ratón de biblioteca, mientras sus amigotes de la hermandad Kapa-Kapa-Omega le intentan convencer para ir al centro comercial a ver la última de Spielberg. Una vez más, si Michael hubiese ido a la UAM, nada de esto hubiera pasado; los colegas le hubieran sacado a rastras de casa y le obligarían a ir a las fiestas del PCE en la Casa de Campo, donde se hubiese puesto ciego a Kalimotxo, acabaría con una afonía increíble de tanto cantar Vicio de los Reinci y hubiera terminado dejando embarazada a alguna puta rumana. Pero aprendan la lección, padres, madres; si me están leyendo ya saben lo que tienen que hacer para que sus retoños consigan una beca universitaria; eso sí ya les advierto, conmigo eso no funciono, mi hermana sacando notables y sobres y yo repitiendo curso como el cabrón que soy.

Y más no les voy a contar porque les aburriría y lo que es más importante me aburriría yo. Hay infinitud de episodios, cuanto menos, curiosos, algunos muestran las bondades de su carácter (gran ética de trabajo, independencia, espíritu de autosuperación, de vez en cuando atisbos de compañerismo) y otros sus mezquindades y chifladuras (puteos sistemáticos a compañeros y rivales, una ludopatía fuera de lo normal, nulo compromiso social, ser el infame protagonista de esa mierda llamada Space Jam).  Así que, en definitiva, compren o saquen de alguna biblio el libro y lean, lean; les guste o no el deporte, este libro les hará pasar un buen rato que es lo que importa; la vida obra y milagros de la gente rara siempre debe de ser registrada en letras para la posteridad; que, por ejemplo, a mí no me gusta Napoleón y bien que me lo he pasado leyendo relatos sobre la vida del enano ególatra.

sábado, 20 de octubre de 2012


“Así Habló Zaratustra”, Friedrich Nietzsche.

Es con este libro, de la época más tardía del autor, con el qué me acerco al turbio y radical pensamiento nietzscheano. Gracias a dios (o al Superhombre, en este caso) esta edición tiene una extensa introducción (un cuarto del libro, aproximadamente), que junto a un dulce y nostálgico repaso a mis apuntes de COU, me han animado a escribir esta reseña. No soy, sin ninguna duda, la persona más indicada para analizar la obra de Nietzsche, que se pueda encontrar en el entorno del piadoso autor de este blog, pero seguramente, si la más dispuesta (ejem).

La obra se compone de cuatro partes, más un breve prólogo. Según quien, se suele considerar más literaria que filosófica, pues aunque trate un conjunto de nuevos y revolucionarios pensamientos del autor, por boca del único protagonista, el profeta persa Zaratustra, no deja de ser una novela. Una historia ficticia que evoluciona en un espacio-tiempo, a veces difícil de situar, pero existente. 

La historia narra cuando Zaratustra desciende de su cueva, en las montañas, para predicar, entre los hombres, una nueva colección de valores e ideas, bastante alejados de la tradicional moral, mayormente cristiana, de la época. La proclamación de la muerte de dios, como símbolo de la caída de la tradición histórica, podría ser el titular fácil que más llama la atención, pero esto es sólo el comienzo. Esto, en aquellos momentos, tuvo que causar más de una jaqueca, ni se duda, pues la cultura occidental era completamente teísta. Ahora bien. Lo realmente jugoso es desgranar capítulo tras capítulo, las ambiguas metáforas y alusiones continuas a la Biblia, la bilis que este alemán vomita contra todo lo que forma parte de su educación. Zaratustra canta al desprecio hacia compasivos, débiles, sabios, políticos, e incluso a las mujeres, y un sinfín de arquetipos sociales.
El último estadio al que el hombre debe evolucionar, el SuperHombre, es el otro gran concepto que presenta esta obra, junto con toda una enumeración de pautas bien definidas (aunque en lenguaje poético,  a veces algo ambiguo) de comportamiento, particularmente con su semejante.

Como conclusiones personales podría añadir, que Nietzsche parece decidido a acabar con el mundo metafísico y se aferra a lo terrenal a toda costa. No respeta, y habla con dureza de todo lo que el hombre no pueda coger con una mano, se llame dios, solidaridad, amor o conocimiento. Su énfasis obsesivo por la superación de los valores tradicionales, la dominación del entorno y la imposición de su poder, en aplicación directa al SuperHombre, le da un carácter despótico y cruel a la obra. No obstante, me parecen un conjunto de teorías merecedoras de atención, sobre las que se pueden extraer perlas muy necesarias, enmarcadas en contextos concretos, claro está.

Pierre Caruty